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Posts Tagged ‘Plastas’

Si das la chapa que sea con conocimiento.

De tipos chapas ya te he hablado,pero déjame que te cuente una bonita historia, que podrás además aprovechar para culturizarte un poquito, que falta te hace tanto ver series de televisión y carreras de ciclismo. Para este interesante relato tomaremos como protagonistas a Flanagan y a Flácido, Flanagan interpretará magistralmente al típico tipo que ahoga sus penas en la esquina de un bar de barrio, de los cutres y Flácido hará del típico tipo que sí, da la mano flácidamente pero que luego mete unas chapas de cojones.

Flanagan estaba en un bar de barrio, de los cutres, en la esquina, ahogando sus penas en su decimoséptimo zurito sin alcohol, mascullando calificativos acerca de la profesión de la madre de la última chica que le había abandonado, profesión en todo caso de gran solera y antigua como pocas. en estas que entra al bar Flácido, dando la mano al camarero, flácidamente, pide un zumo multifrutas y ve a Flanagan.

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Una entrada plasta.

Esto va a ser complicado, normalmente no suelo hablar, escribir vamos, demasiado en serio, así que cuando uno se pone corre el riesgo de desviarse y contar paridas, intentaré que no sea así, ya que aunque lo que te voy a contar pueda parecer una chorrada para mí es un problemón. ¿Ves?, ahora tenía la tentación de poner que el problema era mi tremendo nabo y la dificultad para encontrarle acomodo, es lo que tiene poseer una mente enferma.

Pero no, mira, a veces, me acuerdo de Juan, por ejemplo, o de Plared, se me dice, o se intuye que dicen, que peco de modestia, realmente no es así, sé que tengo mis virtudes, por una vez te hablaré de ellas, no de mis defectos que normalmente quedan plasmados en todo lo que escribo, soy un tío simpático, de los que se abren a la gente. Para que te hagas una idea, donde vivo ahora llevo relativamente poco viviendo, nada más mudarme ya me hablaba con medio pueblo, sobre todo soy muy bueno para los críos, no hay cosa que más me guste que ir por la calle y escuchar una vocecita llamándome, darme la vuelta y ver la cara de la niñita de turno con una amplia sonrisa corriendo hacia mí, esos momentos son impagables. Uno es niñero, qué le vamos a hacer, cuántas veces me he visto en el parque jugando con mis niñas y acabar rodeado de enanos y enanas, hasta a mi casa me he llegado a llevar cinco niños extra, con sus cinco lloreras cuando han venido a recogerles.
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