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Posts Tagged ‘Starz’

“War of the Damned”, el final de Espartaco.

Pues tercera parte de la trilogía de la saga “Spartacus”, después de “Sangre y Arena” y “Venganza” tenemos esta “Guerra de los Condenados”, última además, ojo, hay que recordar que en medio metieron una precuela, “Dioses de la Arena”, con lo cual es como si fuera la cuarta. Recordemos que es serie del canal Starz, con Steven S. DeKnight como máximo responsable y con Liam McIntyre, Manu Bennett y Dustin Clare encabezando el reparto.

Como esta es serie de extrema violencia hay muchos protas con la sana costumbre de caer en combate o asesinados, por lo que el casting se va renovando, en ese apartado de nuevos encontramos a Simon Merrells, que interpreta a Marco Licinio Craso y a Todd Lasance, que da vida nada menos que a Julio César. Esta temporada en teoría pues eso, va del final de la fuga de los esclavos gladiadores, desde su victoria en las faldas del Vesubio hasta la batalla del Río Silario, donde dice la historia que acabó la aventura de Espartaco y los suyos, pero claro, como el rigor histórico no es el fuerte de la serie pues uno tampoco espera que las cosas sean exactamente así.

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Spain is diferente.

Globos de oro, o “aldabas de oro” como me gusta a mí llamarlos, unos de tantos premios que se dan al cine y a la tele, ninguno son palabra divina, pero todos sirven para observar tendencias, voy a hablarte hoy de tele, pero no de series, bueno sí, de series, pero de ninguna en concreto. Voy a hablar de canales generalistas y canales de cable, pago y demás, de las diferencias entre ambas, de cómo un tipo de series ha ido desplazando al modelo tradicional y de cómo en España tenemos gustos más bien diferentes.

¿A qué me refiero con “canales generalistas”?, pues a los de toda la vida en los Estados Juntitos, ABC, NBC, FOX, CBS y demás, los canales de series tipo “House”, “CSI”, “Vigilados” y demás, a ver, hay de todo en la viña del señor, pero normalmente hablamos de series con un esquema de capítulos autoconclusivos, en un episodio se nos presenta una o dos situaciones y en el mismo se resuelven, hablamos de series “blancas”, donde el sexo y la violencia son aptas para todos los públicos, más el sexo, la violencia ya sabemos que como es menos perjudicial da igual que se muestre más explícitamente. Son series con castings, mayormente, repletos de gente guapa, donde los personajes son aun más listos y espabilados que guapos, donde toda minoría además suele estar representada, si no hay un afroamericano (un negro de los de toda la vida), hay un hispano, o una oriental, todo funciona bien y el malo acaba pagando, porque evitan grises, o blanco o negro, o buenos o malos, se pasa de refilón por toda la presunta mierda del sistema, corrupciones, tráfico de intereses y demás, suelen ser series que buscan el entretenimiento sin más, para mí responsables de que durante años la tele fuera considerada “la hermana cutre del cine”.

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La venganza de Espartaco.

Bueno bueno, segunda entrega, que es la tercera, de la saga “Spartacus”, me explico, primero fue “Spartacus: Sangre y arena”, la primera temporada, brutal, como al prota, Andy Whitfield, se le encontró un linfoma no-Hodgkin esperaron a ver si se recuperara y en vez de continuar la saga hicieron una precuela: “Spartacus: Dioses de la Arena”, que vaya, estaba bien, pero no alcanzaba el salvajismo de la primera, como Andy, desgraciadamente dejó este mundo se pusieron a continuar la acción donde la dejaba la primera entrega, así tenemos pues explicado por qué esta es la segunda temporada siendo realmente la tercera, ¿el título?: “Spartacus: Vengeance”.

Hablamos de la serie estrella del canal Starz, creada por Steven S. DeKnight, 10 capítulos, el motivo obvio, es una serie cara, el reparto, pues cuenta con nombres ya conocidos, de las anteriores entregas: Manu Bennett, Lucy Lawless, Dustin Clare (el prota de la precuela), Peter Mensah, Viva Bianca (el zorrón de la primera entrega) y Katrina Law, pero siendo estos importantes sin duda la novedad en este sentido es la presencia del nuevo Espartaco, Liam McIntyre. A este le tenía visto de “The Pacific”, aunque en un papel menor y lo cierto es que esta serie es su gran oportunidad para saltar a la fama. Leer más…

“Spartacus”, Dioses del Fornicio.

En estos días, los que gozamos del espectáculo visual de la saga “Spartacus”, recibimos una gran noticia, el esperado estreno a primeros de año de la segunda temporada de la serie, bien, aun no estrenada esta hay que decir que el canal Starz ya ha anunciado que habrá tercera parte, albricias, pero hoy toca hablar de una miniserie llamada “Spartacus: Gods of the Arena”, titulada en cristianés “Spartacus: Dioses de la Arena”

Dioses de la Arena

La cosa es sencilla, al prota de la serie, Andy Whitfield, le diagnostican cáncer, esperando que su salud mejore caben tres alternativas, parar la serie, cosa que no es aconsejable dado el éxito que para Starz, la cadena propietaria del asunto, estaba teniendo, dos, cambiar el protagonista, cosa que han acabado haciendo cara a la segunda temporada, esto era sin embargo la solución menos querida y sólo se debía tomar si no quedaba otro remedio, la tercera, inventarse algo, dar tiempo a que Andy se recuperara, que es la que en principio se tomó, aunque desgraciadamente al final como digo se tuviera que recurrir a la segunda.

Se tomó pues la decisión de hacer una precuela de la historia, es decir, la vida en el ludus de Batiato antes de la llegada de Espartaco, el que no esté en la historia el célebre tracio se la debió de sudar a la cadena a la hora de bautizar también con el “Spartacus” a la movida esta, volvemos a ver a Batiato, a su impúdica mujer, a varios de los gladiadores que aparecían en la serie anterior y a Gannicus, que toma un poco el rol de Espartaco como protagonista.

A ver, imaginaros que tenéis 2.000 millones de euros, sois ricos, ¿no?, si tenéis 200.000 millones sois muy ricos, pero con 2.000 kilos también, pues algo parecido pasa aquí, sigue existiendo el sexo desenfrenado, la estética “300“, violencia a saco, pero algo menos, sigue siendo ultra violenta, pero sin llegar al extremo de la primera temporada, en cambio la cosa se centra más en las intrigas del “Domine” Batiato, todo lo que pierde en violencia y gana en intrigas es la tara de “Dioses de la Arena”, porque no nos engañemos, esta serie ofrece algo muy concreto, sexo y sangre, a raudales, entretenimiento puro y duro, espectáculo, aquí, al abundar menos, hay momentos en los que te aburres, o quizá sea que ya ha pasado el primer momento, con la anterior temporada, en el que te sorprendía la estética y la violencia de la trama.

Otra pega, Dustin Clare, el actor que interpreta a Gannicus, me recuerda a Collin Farrell pero exagerando aun esa cara de estreñido que el Collin usaba por ejemplo en “Alejandro”, por contra aparece Jaime Murray (la loca peligrosa de la segunda temporada de “Dexter“), tremendamente sensual la muchacha, el resto pues eso, la mayoría no están elegidos por sus capacidades interpretativas, sino por sus torsos, así que a recurrir a lo de las peras y los olmos.

De la serie original se mantienen John Hannah como dueño del ludus, su esposa, Lucy Lawless, el cimarrón de ébano Peter Mensah, Manu Bennett, como Crixo, que toma también un poco el rol de Espartaco, él es el que en esta ocasión llega a la academia de gladiadores y se convierte en el campeón tanto en la arena como en la monta de romana impúdica, Nick Tarabay o Antonio Te Maioha.

Aparecen nuevos personajes, los malos son Gareth Williams y Stephen Lovatt, y aparece el papá del jefe, interpretado por Jeffrey Thomas, también está la esclava mona que se verá metida en un triángulo amoroso, a la que da vida Marisa Ramirez.

En definitiva, entretiene sí, sigue la tónica de la saga, pero es quizá prescindible, la ves pero lo que quieres ver realmente es la continuación de la primera temporada, con los esclavos en fuga y todo eso, “Yo soy Espartaco”.

Amos con la postdata, Parabellum es una banda de Barakaldo, rock urbano, algunos les metían dentro del movimiento punk, pero yo nunca les llegué a ver así, forman parte del recuerdo personal, de una época en la que servidor le daba al kinito y al peta, con La Polla Records, Barricada, MCD, Reincidentes o Extremoduro como referencias musicales, poco a poco fui dejándolos a un lado, pero aun así hay ciertas canciones que me dejaron su huella, quizá la última de Parabellum que realmente me gustó fue este “Anoche Dije Adios”, luego ya les perdí la pista del todo:

“Spartacus”, sangre, arena y polvazos.

No hay cosa que más se agradezca que la honestidad, ofrecer algo y que resulte que lo que se promete se corresponda con lo que tienes, ese es sin duda el caso de “Spartacus: Blood and Sand”, titulada en cristianés “Spartacus: Sangre y arena”.

Spartacus

El invento este es responsabilidad de Steven S. DeKnight, engargado por el canal Starz, responsable de “Camelot” por ejemplo, no obstante quizá recuerda mucho más a “300” o incluso en ocasiones a “Roma”, la serie de HBO, que a la pastelosa serie Artúrica.

Seamos sinceros, como serie, el argumento, los guiones, los diálogos, etc esto es un poco truño, pero ay madre, como espectáculo es acojonante, acción a tope, escenas cargadas de sangre, desmembramientos, sangre manando por todos los lados, a veces salpicándote, ritmo vertiginoso, sin dar lugar al respiro, cuando las espadas y tridentes se guardan se da pie al folleteo en estado más puro.

Porque sí, esto no es algo familiar, ni romántico, el lenguaje soez y el sexo explícito es omnipresente, los fornidos gladiadores dan el callo tanto en la arena como encima de la jaca de turno, la moralidad brilla por su ausencia, no se escatiman detalles ni escenas de las que no dejarías ver a tus hijas.

Andy Whitfield es la estrella protagonista, él da vida a Espartaco, cumple físicamente de sobra, da el pego vamos, Espartaco es capaz de cortar un brazo, desgarrar un pecho y al poco rato estar jodiendo a la romana cachonda de turno y sin desmerecer, a tí te ponen una jaca de esas y en cuanto apuntas con el nabo ya estás encendiendo el cigarrillo de después, él no, él ahí como el Campeón de Capua.

John Hannah, el cuñado de la saga “The Mummy” hace de dueño del ludus, Lucy Lawless, la Xena de toda la vida, es la esposa impúdica del anterior, Viva Bianca es la todavía más impúdica compañera de orgias de la anterior, Manu Bennett hace de Crixo, rival de Spartacus, también aparecen en personajes más o menos relevantes Peter Mensah, Nick Tarabay o Jai Courtney.

Decir que realmente ni te fijas en cómo actuan, ni falta que hace, como digo esto es lo que es, espectáculo puro y duro, no se exprimen en ningún momento ni a los actores ni a los guionistas, aquí es la parte visual la que manda.

Comentar que el pobre Whitfield pilló un linfoma no-Hodgkin, el canal esperó a que hiciera el tratamiento de cura y en vez de rodar la segunda parte hizo una especie de precuela, basada en la vida en el ludus antes de la llegada del tracio, pero lamentablemente falleció, por lo que en la segunda parte será otro el actor que interprete al gladiador, Liam McIntyre.

Lo mejor del tema, para mí, es que cuando la ves ni te acuerdas de Kirk Douglas, y no es evidentemente porque esta serie sea mejor que la mítica peli de Stanley Kubrick, ni mucho menos, la cosa es que han hecho algo tan distinto que no admite comparación alguna.

Por cierto, cuando la ví aun no se había emitido en “Cuatro”, mientras la visionaba de las primeras cosas que pensé es qué cadena la podría emitir en España, por la polémica que pudiera originar, al final fue esa, “cuatro”, y polémica tampoco es que hubiera demasiada, en fin, señal de que vamos haciéndonos un poco más tolerantes.

Dark Moor acaba de llegar, como banda, a su mayoría de edad, este grupo es sin duda alguna mi preferido entre todos los que han surgido en España, superaron incluso lo que es para otros una china en el zapato constante, el cambio de miembros, sobre todo el de vocalista, pasaron de Elisa Martin a Alfred Romero, aunque es Enrik García el auténtico lider de la banda, temas cojonudos les sobran, sin duda este “Devil in the Tower” lo es, dentro del album “Tarot” es quizá su tema más currado, una joya vaya.

“Camelot”, indiferencia.

Si esto de las series fuera como las comidas (hablamos de gastronomía, no empecemos a pensar de más), “Camelot” sería como un filete ruso, gusta a casi todo el mundo, es sencillote, no gran cosa, pero comestible.

Imagen de Camelot

“Camelot” es una seré coproducida entre otras por la cadena Starz, responsable de “Spartacus” o “Los Pilares de la Tierra”, lleva el sello de Michael Hirts, creador entre otras de “Los Tudor”, “The Borgias”
o la peli “Elizabeth, la Edad de Oro”, bien pudiera tratarse de una mezcla de todas ellas, es lo que tiene el filete ruso, que es a base de carne picada y puedes echarle ternera, buey, pollo, pavo, cerdo y hasta cobaya.

La cosa no llega a ser la bacanal de “Spartacus”, pero sigue teniendo su tensión sexual, no se trata por lo tanto de una serie que filmaría Spielberg.

La historia se basa en el Rey Arturo, Merlín, Morgana, claro, al tratar sobre una leyenda tienes la ventaja de poder interpretar la historia como te salga de los witos, cada vez que la leyenda artúrica se lleva a la gran o pequeña pantalla sale algo que no tiene nada que ver con lo anterior, en este caso nos presentan a los protas todos más jóvenes y guapos de lo que nos los podríamos imaginar, enseñando por cierto bastante pechuga y bastante posadera, lo cual siempre es de agradecer.

El tema es que el resultado te deja indiferente, incluso a ratos te aburre, son más, eso sí, los momentos en los que flipas, por lo predecible de algunas escenas y lo increible de otras, increible en el sentido literal de que no te las crees de ninguna manera, ejemplo, la mala, (una bella Eva Green, por ponerle cara la chica de “El Reino de los Cielos), mala y bruja, pero con un buen par de aldabas eso sí, coge la apariencia de la mamá de Arturito, nadie obviamente se da cuenta, la mamá (Claire Forlani, muy perjudicada por la edad para mi gusto), se escapa, va a Camelot, la que se supone que es la capital del reino, un castillo donde al parecer puedes entrar como te salga de los huevos, sin encontrarte a nadie en las puertas ni dentro, bueno no, se encuentra con alguien, ¿adivinais quién?, sí, la bruja mala que ha tomado su cuerpo, escenas como estas son las que echan a perder la serie, y está plagada de ellas.

El reparto pues eso, entre que hay gente como Jamie Campbell Bower, insufrible como Arturo, Tamsin Egerton, casi tan repelente como Ginebra, que de lo mejor que tenía, James Purefoy (aunque algo sobreactuado), se lo cepillan al segundo capítulo y que Joseph Fiennes, en teoría la gran base del asunto apenas luce pues te encuentras que tampoco por ahí vamos bien.

Y eso que la cosa comienza bastante bien, los dos primeros episodios pues eso, dan el pego, entretienen, hay hasta algo de acción, pero luego se pasa demasiado de “yo te quiero, no yo más, que no tontín yo más” entre Arturo y Ginebra, las maldades de Morgana que insoportablemente no llegan ni a buen ni a mal puerto nunca, con lo que acabas hasta las narices de ella también y las desventuras de los caballeros paladines del Rey, todos bastante sosos.

Lo mejor del tema es que no habrá más temporadas, problemas de agenda de los actores principales ha sido la excusa, para mí es que han recapacitado y se han dado cuenta que para seguir con esto mejor comenzar algo nuevo.

Por cierto, una de las cosas que más me hizo ver que esto de “Camelot” no era sino algo trillado es el triángulo amoroso, cuando en el cine o la tele se da un triángulo amoroso suelen darse dos opciones, una, el antagonista del prota es malo, morirá a manos del guapo y apuesto prota, segunda, el antagonista amoroso es bueno, encima amigo del prota, date por jodido, morirás igual, y casi seguro intentando salvar al guapo, encima eso que se suele decir cuando la está palmando, “cuídala”, no hombre, sé original y dile, “por favor fóllatela por mí, que casi ni me ha dado tiempo capullo”.

Gamma Ray para la postdata, grupo veterano, fundado por Kay Hansen, ex de Helloween, siguiendo la estela de los calabazas keeperianas, “Insurrection” es un tema relativamente reciente, pero tiene un aire a clásico de los buenos.

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