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De cuadrillas y apariencias.

Mira la foto, piensa mal si quieres, pero si no conoces la imagen harías bien en no fiarte de las apariencias.

Falsas apariencias, uno

Escucha, si tienes algo que hacer no pierdas el tiempo leyendo esto, no voy a decir hoy nada interesante, sí, ya sé que rara vez lo hago, pero hoy menos, hoy se trata de marear la perdiz para poner una canción en la posdata, podría ponerla directamente, cierto, pero así de paso cuento un par de batallitas de esas de “pues en mis tiempos”.

Yo no sé donde tú vives, pero en mi tierra la cuadrilla es algo muy grande, me refiero a esa cuadrilla de cuando chavales, esos que no sabes cuándo conociste porque desde que tienes uso de razón están ahí, tus colegas, luego la vida te separa de ellos, encuentras nuevas amistades y acabas teniendo la cuadrilla de las crias (más los padres de los y las amiguitas claro), porque como vives sólo para ellas pues es lo que toca, y hasta la de chuchos, porque de pasear a la tuya acabas conociendo gente, hasta puedes tomar como cuadrilla ese grupo que se reune en terapia para superar las comidas de los domingos de la suegra, ahí con todos los cuñaos haciéndose los graciosos.

Pero cuadrilla como tal sólo hay una, la de siempre, esa que aunque no te veas mucho ya en cuanto te reunes en una cena, de esas a las que no sé por qué llevamos a las parientas, comienzas a recordar batallitas de los viejos tiempos, muchas irreproducibles, quién no se arrepiente (al menos cara a la galería para quedar bien) de cosas que hizo en sus años mozos, eran otros tiempos, tranquilo, no te voy a contar aquello de que con seis pesetas nos íbamos al cine y nos sobraba para putas, porque es mentira, empezando porque al cine no íbamos, pero sí que hay diferencia de entonces a ahora.

Entonces de chaval podías fumar y ponerte hasta el culo de cerveza sin problema, comprabas las litronas y nadie te miraba mal, claro que en un barrio donde nuestros hermanos mayores eran casi todos yonkis pues que unos crios se fumaran unos chiflos y se trincaran un par de botellas tampoco era para tanto, pero en mi cuadrilla, aun reconociendo que éramos unos proyectos de adictos lo que más nos describía (y describe) es el término “salidos”, y aquí es donde entran las apariencias.

Falsas apariencias dos

Desagastadas ya las revistas porno, y con las hojas pegadas por cierto, resulta que un día a un colega le compraron un vhs, lo cual más tarde le traería problemas por cierto, cosas de grabar pelis cochinas y ponerle títulos falsos para engañar a la madre, tipo “Cenicienta”, lo malo del tema es que tenía sobrinos pequeños y eso, cuando se le ocurrió a su hermana ponerle una peli de esas que el colega (al que llamaremos Txomin) en teoría y según la madre, había grabado pa los crios….podemos decir que descubrieron pronto de dónde vienen los niños, el príncipe en vez del zapato a Cenicienta le metía hasta el zancarrón, pero a lo que iba.

Cuando se lo compraron la idea estaba clara, había que esperar a que tuviera la casa para él sólo, ir al videoclub y pillar una peli de esas marranas, esa era nuestra obsesión, la teoría estaba clara, pero cuando llegó el día la cosa cambia, ahí en el videoclub con un montón de pelis para elegir tipo “que cosa tan dura para tan fina
ranura”, “Papoya el Marino” o “fuí a buscar trabajo y me comieron lo de abajo”, pero la cosa es que a ver quien va con la peli al mostrador para que el dependiente, o lo que es peor, la dependienta, te mire de arriba abajo, uno sugirió alquilar una que en la portada pues no tenía pezoncillos ni nada exagerado, Txomin no estaba muy por la labor, “a ver si no va a ser de las duras” decía, pero era mejor ese riesgo que el que te miraran como a un vulgar salido, así que la de la portada cuasidecente pillamos.

Y ahí llegamos a casa del colega y todo ansiosos a ponerla, ahí en el sofá dispuestos a vivir una experiencia única, ver porno, y sí, las apariencias engañan, porque la portada no sería demasiado explícita, pero nada más comenzar la peli empezaron a salir escenas en plan ráfagas que vamos… ni imaginábamos que pudiera existir eso, miramos a Txomin para preguntarle a ver si le parecía suficientemente dura y él, (y su mancha enorme en la entrepierna) sólo acertó a decir “agg zi”.

Hoy hay internet, todo es más fácil, las apariencias entonces nos jugaron malas pasadas, todos éramos jevis, como no teníamos pasta para revistas, ni internet para conocer grupos y tal pues lo que se hacía era que cuando uno tenía algo de pasta se compraba una cinta y el resto la grababa, piratería sí, pero en plan artesanal, ¿cómo te guíabas?, por las apariencias, bajabas a la tienda y mirabas las portadas, si te molaba la comprabas, si no pasabas, con ese infalible criterio nos llevamos a casa más de una docena de truños infumables, pero así descubrimos un montón de bandas que aun hoy me siguen gustando, y aquí es donde quería ir a parar, a veces la apariencia no sólo no engaña, sino que te regala joyas.

King Diamond

Un día nos topamos con esa portada, acojonante, ese carruaje fantasmal, y con ese carruaje fúnebre llegamos al final, a la posdata, a King Diamond, esta fue de las veces en la que acertamos, y vaya que sí, porque la música era igual de atractiva y sobrecogedora que la portada, después de este “Abigail” fueron cayendo “Fatal Portrait”, “Them” y demás, estilo peculiar el de King Diamond, creador de escuela e incluso de subgénero, el black metal dicen que surgió de él, aunque no sé, menos black me suena a cualquier cosa, este disco tan querido comenzaba con una intro, “Funeral” y a continuación este “Arribal”, a disfrutarlo.

Y por una vez la posdata no es la posdata, sino que es la misma imagen que abría la entrada, malpensado:

Falsa apariencia, tres

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