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Pilecki, el ejemplo de lo que viene a ser ir de Guatemala a Guatepeor.

Uno la verdad, reconozcámoslo, no es muy ducho en historia, hay cosas que no las comprendo, tendrán su explicación, seguro, pero no logro entenderla.
Lees al respecto claro, pero lo malo es que no te queda claro, voy a hablarte durante unos momentos de Witold Pilecki, aunque en realidad él da igual, será tan solo el ejemplo que ilustre, que ponga nombre, a lo que les pasó a millones de polacos durante y tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero antes, como entradilla, un ejemplo, un símil de esos, tú imagina, me contratas para defenderte del matón del colegio, con nombre y apellidos, Matón Del Colegio. Yo estoy ahí todo el día detrás tuyo, pero el que viene a ahostiarte es Abusón Del Patio, de los Del Patio de toda la vida, ¿qué debería hacer?.
Puedes pensar que defenderte, no tienes ni pajolera idea, qué va, al revés, animarle. “Pero qué bien le destrozas los dientes”, “da gusto verte patearle los huevos”, “qué arte rompiendo las rodillas”. ¿Cabrón?, no no, porque te dije que te defendería del primero, no dije nada del segundo.

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Solo quedó Tanya.

Esta entrada va a ser larga, encima la alargo más por un prólogo, una recomendación, “Sinsuenyo” lo dice y lo que diga para mí va a misa, además, “me suena” 😀 en realidad lo conozco y le mando un abrazo de los gordos, “Balongo”, no te pierdas el apartado de los oscar, acojonante.

“The Walking Dead”, dos hombres huyen de los zombis, uno, en un acto reprochable, dispara al otro dejándolo a expensas de ser devorado vivo, con el objetivo de entretenerlos lo suficiente para salvar él el pellejo, hijoputismo, pero también instinto de supervivencia.

No te voy a hablar de series de televisión, voy a hablarte de uno de los capítulos más vergonzosos que la humanidad ha vivido en su extensa historia, el llamado “Sitio de Leningrado”, 900 días y alrededor de un millón de personas muertas, dicen que el ser humano aprende de sus errores, que patatín y patatán, jamás antes, nunca, y mira que han pasado siglos, imperios, guerras y destrucción, se alcanzaron las cotas de inmoralidad y vergüenza que vivimos en el Siglo XX, este es un más que claro ejemplo, nunca antes, jamás, la población civil sufrió tanto las consecuencias de una guerra, y si alguien tiene experiencia de cómo es peor el remedio que la enfermedad ese fue el pueblo soviético en la segunda guerra mundial.

Septiembre de 1941, Hitler en plena invasión de la URSS, sus ejércitos penetran como un cuchillo en la mantequilla, llegan a Leningrado, actual e histórica San Petersburgo, las huestes de Stalin habían preparado el ataque en la ciudad, no caería en manos nazis, o era defendida o era destruida, el que dentro hubieran millones de civiles era lo de menos, mas los nazis, viendo la costosidad de tomar la plaza tomaron una decisión, sitiarla, menos costoso, el resultado, el que todos sabemos, 900 días de horror.

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La guerra de invierno.

Hay varias frases referentes a la historia que vaya, no dejan de tener su gracia, una por ejemplo, “la historia la escriben los vencedores”, que se lo digan a los de Esparta, que si bien ganaron apenas cultivaron las letras y su historia nos viene de fuentes atenienses (sus enemigos), o Vietnam, contada por Estados Unidos, que vaya, que sepamos no ganó.

Otra, “todas las guerras son estúpidas”, cambia “estúpidas” por “absurdas” o similares, claro, son frases que quedan bien, nos puede el pacifismo, poner la otra mejilla, para desmontar ese mito os voy a hablar hoy de una guerra, duró poco, quedó eclipsada en la historia, pero que vaya, es claro ejemplo de que una guerra es, en ocasiones, la única posibilidad de sobrevivir, os voy a hablar de la guerra de invierno, un conflicto que enfrentó en el invierno de 1939-1940, en plena segunda guerra mundial, a Finlandia y la Unión Soviética.

No voy a contarte que si la octava división entró por no sé qué sitio y tal, me la suda, intentaré que te pongas en situación nada más, nada de estrategias militares.

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Ordeñar la vaca.

El idioma es lo que tiene, es rico, da para todo, te dicen, “cuando vas a echar un polvo siempre te quitan la ropa, cuando acabas te vistes sólo”, lo que traducido no quiere decir otra cosa que cuando estás jodido nadie te ayuda y que cuando te ayudan es porque te van a joder, bien, esta historia va un poco sobre eso, aunque sea bastante menos divertida.

Unión Soviética, años 30, Stalin en plena purga, Stalin exterminando a su propio pueblo, rige un país tan extenso y rico en recursos como desinfraestructurado, ata cabos, necesita gente que se vaya a Siberia y demás paraísos naturales del país para ir construyendo las infraestructuras necesarias para la obtención de tan preciados recursos y por otra parte tiene miles, millones de indeseables, prácticamente todos menos él, la solución ideal, mandar a esta gentuza a currar a los gulags, campos de trabajo más parecido a lo que sus enemigos nazis hicieron en sus campos de concentración y exterminio que otra cosa.

Uno de esos gulag se construyó en la isla de Nazino (tiene guasa el nombre), en la confluencia entre los ríos Obi y Nanzina, Nazino es una pequeña isla pantanosa, en plena Siberia occidental, el asunto era simple, como en el resto de los casos, a todo aquel ciudadano que no lograra demostrar su valía en Moscú y demás grandes ciudades, a todo delincuente, a todo enemigo político, a todo aquel a que se considerara enemigo del estado se le enviaba a sitios como este, calculándose que en dos años se habrían convertido en una especie de colonos productivos, habrían construido pueblos, carreteras etc y aunque la mayoría estarían muertos ya la zona quedaría dispuesta a que otros vinieran a comenzar a amortizar los trabajos, a Nazino fueron enviados 6.000.

Isla de Nazino

El grupo era formado por unos 3.000 indocumentados, o sea que no lograron conseguir un pasaporte que les considerara válidos para trabajar en las ciudades, unos 2.000 delincuentes, enviados para descongestionar las cárceles occidentales, completándose el grupo con diversas etnias y condiciones consideradas indeseables, realmente el espectro social que cubría el grupo de deportados era amplio, ya que muchos comisarios tenían un cupo de personas a detener y les bastaba casi cualquiera que se cruzaran por la calle, hasta los guardias eran reclutados a la fuerza y equipados de la forma más sencilla y barata, la comida era todo un banquete, pan y harina.

Hasta embarazadas mandaron, sin poder avisar ni a sus familias, sin juicio alguno, sin poder protestar ante nadie eran despojados de todas sus pertenencias y documentaciones, los que podían salvar algo eran víctimas de sus propios compañeros de penurias, durante el viaje ya varios se adelantaron al resto en el destino final de la mayoría, la muerte.

Llegan a la isla e inmediatamente comienzan las bajas y las penurias, al no poder cocinar la harina la comen mezclada con agua del río, la consecuencia, disentería, viendo el percal algunos, aprovechando la presencia en la isla de árboles construyen improvisadas balsas para escapar, naufragando y llenando el río de cadáveres, la falta de alimentos hace que en poco tiempo se den casos de canibalismo con los muertos, ya en la primera semana los guardias observan cinco cadáveres con muestras de haber sido parte de la dieta de los habitantes de la isla, deteniendo hasta a 50 personas en el siguiente mes por los mismos gustos culinarios,

Los prisioneros tenían una vida complicada, por no decir otra cosa, no sólo padecían de hambre, no sólo tenían que cuidarse de los guardianes, que asesinaban selectivamente a muchos de ellos para robarles sus pertenencias, también tenían que cuidarse de otros prisioneros, que no dudaban en matar para robar incluso sus piezas dentales si estas eran de oro, lo que fuera por conseguir algo que cambiar por lo que sea.

Apenas un mes después, casi 3.000 prisioneros, perdón, colonos, fueron trasladados, en la isla quedaron apenas 150, el resto había muerto ya, la mortalidad era alta, debido al hambre, a la falta de medicamentos, ropas adecuadas, viviendas donde protegerse del frío y la humedad, disparos de los guardias y víctimas de sus propios compañeros de desventuras, sobre todo de alguno de los delincuentes comunes, que llegaron incluso a matar para poder comerse un cadáver fresco, a esta practica se le llamó “ordeñar la vaca”, originalmente se trataba de que cuando algún preso intentaba huir, principalmente eran de los comunes, requerían de la compañía de otro preso para que les acompañara en la aventura, este, (sin tener en cuenta lo que dije al principio de la entrada) ante la posibilidad de escapar, se sentía hasta honrado y agradecido con la oportunidad, lo que no sabía es que el único motivo que motivaba a los fugados para que le ofrecieran la fuga era tener una despensa dispuesta a ser sacrificada caso de que la fuga tuviera éxito.

Se calcula que casi dos millones de personas fueron mandadas a diversos gulag, poco se sabe de lo que sucedió en esos campamentos del horror, Nazino salió a la luz gracias a trabajos como el de Nicolas Werth, autor del libro “Cannibal Island”, este francés escribió la historia basándose en documentos de Tomsk, lugar donde eran trasladados los deportados en su fase final y donde la policía de Stalin guardaba los citados documentos y en base a los testimonios de los supervivientes que pudo localizar.

No se sabe aun a ciencia cierta cuántos Nazinos hubo bajo el gobierno de Stalin en la Unión Soviética, de hecho se han descrito casos de canibalismo en la antigua URSS, en la hambruna ucraniana (provocada por el propio Stalin) o el cerco alemán a Leningrado, hubo de hecho una extensa franja de tierra, más o menos por donde se movió el frente oriental, que tal y como pasó en la anterior guerra mundial sufrió penalidades y calamidades continuas, perpetradas por ambos bandos, pero sirva como ejemplo este cruel asentamiento en esa pequeña y remota isla.

Más agradable sin duda es la posdata, Ride the Sky es un grupo fugaz, formado por Uli Kusch, sólo publicaron un disco, pero la verdad, muy bueno, de ellos este “A smile from Heavens Eye”

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