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Posts Tagged ‘Simone Simons’

El cine romántico y sus cosas.

Bien, tras dedicar una entrada al cine de guerra me preguntaba yo qué género vilipendiar ahora, claro, tras hacer la entrada a favor del romanticismo ya me quedó clara la cosa. Ay ese cine romántico, comedia romántica que se llama, por los cazurros, para los eruditos y cinéfilos este género tiene un nombre científico, “pelis bonitas”.

Hay una cosa curiosa, no te la vas a creer, en las pelis bonitas, el prota casi siempre se llama Flanagan, tú te dirás que no has visto una en la que el prota se llama Flanagan, pero sí, siempre se llama Flanagan, y ella Marikeit.

Es cine, a pesar de todo lo que pudiera parecer, realista, se despiertan, con las persianas levantadas, entrando el sol por la ventana, ellos abrazados, nada de como duermes tú, cada uno a su lado y que suena el despertador y te comes la mesilla porque no encuentras la luz. ¿Tú que haces nada más levantarte?.

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¡Espartanos¡, matad a los 300 (sin acritud)

Vamos con la segunda parte del destripamiento de “300”, ahora más que destripar los enormes errores históricos de la peli intentaré mostrar un poco por encima cómo eran auténticamente los espartanos.

En cuanto a que “300” es fiel a un cómic… pues me parece bien. El cómic lo compra al que le gusta ese tipo de publicaciones, por lo que su repercusión es bastante menor. El cine, no, la gran pantalla llega a todos, en Europa la película causó furor, batiendo récords. Y puestos a hacer una película de historia, qué mejor que basarse en hechos reales, y más cuando éstos tienen elementos épicos que superan al cómic. Y lo que no deben hacer es crear confusionismo tergiversando hechos históricos que pertenecen a un legado histórico que es patrimonio europeo, mundial.

Espartanos

Y me explico: hace unos meses, dando un “garbeo” por internet, llegué a un foro de historia en el que existía un hilo que “analizaba” las frases famosas o diálogos interesantes que en la peli aparecían. Pues todos daban por hecho que Gorgo, la mujer de Leónidas, le decía al “al feo ese persa” -expresión literal de un forero- lo de “las madres espartanas paren hombres de verdad”. La consecuencia es que, por lógica, también creen que Leónidas les dio una patada en el culo a los emisarios persas, porque evidentemente habían ido a reclamar “agua y tierra” a los espartanos, siendo todo ello falso, al menos, sacados de contexto. Es sólo un ejemplo, hay más pero no pretendo extenderme. Lo que quiero decir es que, de un dato falseado da lugar a una cadena de tergiversaciones, distorsionando aún más la realidad, multiplícalo por unos cuantos más y obtenemos una falacia.

Si los estadounidenses, dados a falsear todo cuanto llega a sus manos, quieren hacerlo con su raquítica historia, pues que lo hagan, pero que respeten la de los demás, más si a ellos no les afecta directamente, pues no son protagonistas del evento.

Si quieren hacer una película que imprima una serie de valores, es fácil. Se basan en la idiosincrasia de Esparta, la titulan “100 Mamones en el infierno” los héroes son estadounidenses en vez de espartanos y que luchan estoicamente contra las pérfidas y salvajes hordas apaches, sioux, cherokees… en la batalla del Gran Cañón del Colorado, éste cuento se ha acabado.

Siempre nos presentan a los espartanos, a grandes rasgos, como soldados eficientes, toscos y descerebrados, a los que “sólo les interesaba la guerra”. “Se cansarán de hacer el amor, beber o divertirse, pero jamás de hacer la guerra” dijo una mujer griega refiriéndose a éstos.

Tras la fachada perfecta de hombres aguerridos y mujeres atléticas se escondía el pueblo más religioso, disciplinado y ascético de toda Grecia, y muy posiblemente, de la historia de la humanidad. Obviamente, su sociedad no era perfecta, pero sí muy avanzada para la época, tanto, que en pleno siglo XX algunos países crearon un modelo de sociedad con importantes connotaciones espartanas.

En principio, las leyes espartanas se le atribuyen a Liturgo -que significa “conductor de lobos”- un legislador espartano que vivió por el siglo VIII o IX a.c., del que en realidad se sabe poco. Se dice que fue regente, se exilió y viajó por todo el mundo conocido, estudiando las leyes, costumbres y sistemas de gobierno de cada lugar, adquiriendo un gran conocimiento, analizando y comparando sus leyes, para luego volver a Esparta y mejorarlas, dando finalmente forma a la Constitución Espartana (la Gran Retra) y sus leyes tan duras y severas, leyes de tradición oral -como la constitución inglesa- que prohibió escribir para que cada individuo las asimilara a lo largo de años de entrenamiento, práctica e interiorización. Algunos autores aseguran que su sistema político lo basó en la vida de las abejas, pero todos coinciden en calificarlo como al “padre de Esparta”.

Dividió la tierra en lotes, todos iguales, que pudieran producir mucho más de lo necesario para proveer a una familia, repartíendolas equitativamente entre los espartanos. Instauró un sistema político bastante democrático, cuyo lema principal era “que el pueblo tome las decisiones, pero si se equivoca, rechácenlas los ancianos y los reyes”. Y dice reyes, porque en realidad instauró dos, uno militar y otro religioso.

Creó un Consejo de Ancianos, integrado por personas que gozaban de gran respeto y consideración, que eran elegidos de una manera muy curiosa:
un consejo de jueces se encerraba en un edificio sin ventanas, el pueblo se congregaba a su alrededor. Los candidatos, uno a uno, se presentaban en el lugar, ante el pueblo, y éstos los aclamaban sin pronunciar su nombre. Los jueces, encerrados aún, debían decidir quién había sido el más aclamado.

Pero el mayor logro de Liturgo fue la invalidación del dinero. Las monedas eran de hierro, grandes y pesadas, ni siquiera valían su peso en hierro, pues eran templadas con vinagre para que no pudieran reutilizarse, logrando, entre otros objetivos, anular la codicia -un hombre con quinientos dracmas de nada, necesitaría de un carro tirado por dos bueyes para llevarlos- y dificultar a los ladrones, que descartaban el robo por motivos obvios. Se comenta que preguntado Liturgo por cómo se podría librar Esparta de sus enemigos, éste contestó “siendo pobres y no deseando tener más que otros”. También evitaban con ello el asentamiento de ciudadanos extranjeros codiciosos, mal vistos en Esparta. Los espartanos estaban obligados a cumplir a rajatabla una serie de leyes suntuarias que les impedía enriquecerse, ni poseer oro y plata, siendo castigados severamente si eran sorprendidos en una vida suntuosa o con aquellos metales preciosos.

Creó la fidicia -que significa “ahorro y amistad”- una comida comunitaria y pública formada por 15 comensales cada una de ellas, a la que todos los miembros aportaban harina, queso, carne y vino. De ésta forman fomentaban la convivencia y camaradería, creaban vínculos personales de amistad, muy importantes en la batalla, así como una especie de escuela de formación en donde los jóvenes aprendían a compartir y se imbuían de los valores espartanos.

Implantó la eugenesia -en griego “buen nacimiento”- responsablidad que aplicaba el Consejo de Ancianos, ejerciendo la potestad de decidir, tras examinar al recién nacido, si estaban o no sanos, para caso de no estarlo, eliminarlo. Un debe en el gran Liturgo, piedra angular de Esparta.

De pequeños, el estado se hacía cargo de la educación, sobria, dura, severa, era el bastión en el que descansaban las bases de su sociedad. Cuanto mejor fuera cada ciudadano, mejor y más fuerte sería Esparta. Se les exigía una obediencia ciega y se les enseñaba a hablar poco, a decir las cosas, como yo, con el menor número posible de palabras, concretas y precisas, haciendo de ello un auténtico arte.  Iban semidesnudos, estaban desnutridos y dormían sobre lechos de cañas echos por ellos mismos. Pese a ello, eran ágiles y fuertes. Para comer, se tenían que buscar la vida robando la comida, si se les pillaba eran castigados no por haberla robado, sino por haber sido descubiertos, pues consideraban que no habían tenido la habilidad necesaria para no ser sorprendidos, elemento fundamental en la guerra.

La igualdad entre sexos era muy acusada, desconocida por toda Grecia y el resto del mundo. Las mujeres tenían los mismos derechos que los hombres, tenían voz en la asamblea y podían vivir su vida con plena independencia y libertad. Llevaban las riendas del hogar, administrando y manejando la hacienda con libre albedrío, no inmiscuyéndose para nada el hombre. Como disfrutaban de tiempo libre, pues los espartanos casi siempre estaban en guerra y el Estado se hacía cargo de los hijos, organizaban peleas y concursos atléticos entre ellas, en los cuales participaban totalmente desnudas, no importándole ser observadas por varones ni éstos daban mayor importancia al hecho. Muchas de ellas reclamaron participar en los Juegos Olímpicos con el apoyo y connivencia de los varones espartanos. No se casaban por la imposición de los padres, ellas elegían libremente al padre de sus hijos y lo hacían a la edad de 20 años, no como en otros reinos que lo hacían con 14 ó 15.

Lo más sorprendente viene en el aspecto sexual, al que se le podría calificar de libertino. La mayoría eran bisexuales, aceptaban la homosexualidad como algo normal, pero estaban obligados a casarse para darle hijos a Esparta, de no hacerlo sufrían castigos y humillaciones públicas. Los matrimonios heteros, por ley, podían tener amantes, ellas podían tener amantes más jóvenes y ellos también, eso sí, con el consentimiento del cónyuge respectivo. Incluso era natural que convivieran bajo el mismo techo. Antes de casarse, las parejas solían tener encuentros, siempre fugaces y en total oscuridad -para mantener viva la llama de la pasión y el deseo- que se podían prolongar durante años. Algunos espartanos tenían hijos sin haber visto a la luz del día a su mujer.

Todas éstas leyes y su sociedad solamente serían caldo de cultivo para estudiosos sociólogos e incluso psiquiatras si no fuera porque las crearon para sobrevivir. Los espartanos eran en realidad dorios, una de tantas tribus arias que invadieron Grecia en oleadas, algunas de ellas muy espaciadas en el tiempo. Eran pocos, cuando más unos 20.000 homoioi, “iguales” (ciudadanos espartanos puros y libres) y un territorio bastante pequeño en extensión. Motivados por una necesidad de recursos y por qué no, ansias de poder, pusieron sus ojos en Mesenia y decidieron crear una nación de esclavos para servirles. Así nacieron las Guerras Mesenias que duraron varias décadas de constates guerras y revueltas. Los mesenios eran también arios como ellos, por tanto duros y feroces contrincantes, muy superiores en número. Incluso después de someterlos haciéndolos sus esclavos -los llamaron ilotas y eran los que cultivaban las tierras asignadas a los espartanos puros- tenían una desfavorable proporción de 10 a 1. Vivían, pues, en constante alarma, en permanente tensión, temerosos de una revuelta, que a decir verdad, se producían y muchas, bastantes de ellas alimentadas y subvencionadas desde Atenas -los helenos también era una tribu aria, en realidad todas las ciudades-estado griegas eran arias, aunque de “hornadas” distintas y distantes en el tiempo- de ahí la gran “amistad” que se profesaron durante siglos. Es aquí cuando apareció Liturgo y dictó la Gran Recra. El gran fallo de Esparta fue obsesionarse, instalándose en un paranoia militarista y el abandono de la cultura, así como su idea de la pureza de raza y el constante goteo de vidas por las sempiternas guerras y la eugenesia, hicieron imposible prolongar su hegemonía por mucho más tiempo.

De cualquier manera, pese a su inferioridad territorial y humana, dio a Esparta características tan únicas que no dejan indiferente a nadie que se haya interesado por su legado.

 

Tras el tocho no me enrollaré en la postdata, Kamelot, con Simone Simons (Epica), “The Haunting”

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