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La carrera más grande del mundo.

Acabó el Tour de Francia, un Tour con una apuesta previa clara, buscar otros tiempos ciclistas, un recorrido propicio para los ataques suicidas, para la épica, para la batalla, para evitar espectáculos tan bochornosos como el Giro de este año, donde pasaban y pasaban los días sin que viéramos nada que sacara el tema de la monotonía, un Tour que como siempre comenzó con escándalos y rumores de doping, arrastrados del pasado, una presunta investigación del equipo francés Europcar, luego el asunto Armstrong y sus excompas presuntamente chivatos y con amaño de sanción a la carta incluido, Di Gregorio detenido en plena carrera por investigaciones relacionadas con su etapa en Astana (ese equipo en el que casualmente dio positivo Contador… No sorprende ya, aun con todo el Tour sale adelante.

caidasSale adelante porque es “la carrera”, no hay más, el Tour sería duro con etapas de 10 kilómetros cuesta abajo, da igual el recorrido, prueba tenemos todos los años, este también, antes de la primera etapa con alguna dificultad las bajas eran sensibles, Hesjedal, Valverde, Samuel, Schleck, Gesink y todo su equipo (este hombre es gafe de cojones), decenas y decenas de ciclistas, muchos de ellos en teoría candidatos, besando el suelo, caídas, atropellos, más caídas, para cuando se quiso subir el primer puerto, de apenas seis kilómetros, la totalidad del pelotón prácticamente cayó como fruta madura, es tanta la presión por ir arriba que no hay día sin amasijos de bicis y ciclistas sobre el asfalto abrasador, para muestra las palabras de Horrach: “Creo que lo más utilizado hasta ahora en el Tour son las redes y el betadine, el ruido que hace una caída como la última de hoy es indescriptible, pone los pelos de punta. No sé aún cómo sale la gente de debajo las bicis y siguen hasta meta… ¡IMPRESIONANTE!

Aun en la desgracia surgían nombres para la gloria, “En el futuro, podremos decir que hemos corrido con él“, estas palabras las dedicaba Samuel Sánchez, todo un campeón olímpico, a Peter Sagan, un bisoño de 22 añitos, que en su debut logró saborear la victoria hasta en tres etapas, mostrando un poderío que adivina un fuera de serie, uno de esos ciclistas que están destinados a marcar época, no fue el único imberbe en ganar, el mayor de ellos, el más joven del Tour, Thibaut Pinot, dio aire de nuevo a la esperanza francesa al ganar una de esas etapas que marcan una carrera, se antoja por fin la gra esperanza gala, Mark Cavendish, otro nombre, ganó sí, y repitió a lo grande, pero sin su treno acostumbrado dejaba lugar a la revancha, como la de Greipel, que tras quedarse a centímetros logró derrotarle, por fin, curiosa la rivalidad entre estos dos excompañeros, pero sin duda en esos días de sangre, fracturas y lágrimas de dolor el nombre que más impresionaba no era el de ningún ciclista, sino el de un equipo, el británico Sky.Sagan

Dave Brailsford fundó este equipo en 2010 para ganar el Tour con un ciclista británico en un equipo británico, una quimera, los cachondeos eran similares a los que causo yo en un congreso de peluquería, partían como claros candidatos, pero bastó una semana para que asustaran, bastó una subida de seis kilómetros para que su figura se asemejara al abusón del colegio que si no llegaba a tiempo de robarte el bocadillo te lo hacía vomitar aunque fuera por joder, bastó la primera crono para que directamente nos preguntáramos si quedaba carrera, si alguien podría hacerles frente, entre los retirados, los heridos y los que arrastraban minutadas por montoneras apenas quedaban candidatos para intentarlo.

Alpes, frases, Alejandro Valverde, “dan miedo, asustarían a Contador, asustarían hasta a Armstrong“, Sky ante su prueba de fuego, superada, no sin esfuerzos, no sin sus pequeñas debilidades, pero asustando a sus rivales, intentos, Van der Broeck, Nibali, Evans, la clase más elitista del pelotón con tiempo perdido, todos al ataque, con más voluntad que fuerza, Sky mantiene el tipo, de sobra, los franceses siguen reivindicándose, Europcar triplete, Voeckler el payaso alsaciano, Pierre Rolland, enterrado antes de tiempo en la carrera, Wiggins, el líder atípico, felicitando a quienes le pusieron en aprietos, más frases, “yo no hubiera tenido los cojones de hacer lo de Evans”, (sic), aunque al final el esfuerzo sólo le sirviera para perder un poquito más el Tour. Una conclusión, tenemos estrella, Chris Froome, el lugarteniente, impresionante, el pinganillo le cortó las alas, pero evidenció que él es mucho mejor que su líder, quizá mejor que ninguno, memoria, Tour del 96, Riis y Ullrich

Frank Schleck Avanza la carrera, Evans comprueba que no es su año, tres veces tres, tres pinchazos, pecado, el ciclismo es un deporte que tiene pegados a ídolos y admiradores, no es permisible tirar clavos al pelotón, no debe serlo, debe ser excepción. Pero sin duda el escándalo del año, por el momento, es Frank Schleck.

Sobre el caso no voy a detenerme siquiera, porque su historia, la de su hermano, su año, el de los dos, sus carreras, sus relaciones con su director, el equipo en sí, da para una entrada más que jugosa que volverá a retrasar las ya escritas. Pirineos, nuevamente se intenta, lo intenta Nibali, lo intenta Van der Broeck, Evans prueba la hiel de las cámaras grabando su desdicha, pero poco se puede hacer para desbancar al que va delante cuando tienes que conformarte y sentirte agraciado en poder seguir el bamboleo de sus posaderas. Wiggins y Froome, Froome y Wiggins, apenas sin esfuerzo sentencian el Tour, este año yo, el que viene ya veremos. En medio el espectáculo, Voeckler, odiado y venerado por igual, gesta, ávido el ciclismo de ellas, excesivo sí, pero grande, para él su segunda etapa, ambas de pedigrí, y el maillot de lunares, ese que tanto le gusta a Bypils.

WigginsSólo queda la contrareloj final, mero trámite, mero trámite salvo para que ambos marquen territorio cara al futuro, dos estilos, uno perfecto sobre su bicicleta, con una postura heredada de sus tiempos de pistard, los pelos de las patillas perfectamente recortados para evitar que pierda aerodinámica, el otro pura fuerza bruta, bailando sobre su bicicleta, ahí Wiggins puso orden, empate técnico en el balance, el año que viene…. el año que viene veremos.

Conclusiones, muchas, nuevos valores, ciclistas que pasan a mejor vida deportivamente hablando, pocas gestas, recorrido atractivo, pero minimizado por el absoluto dominio inglés, muchas lecturas, demasiadas para esta entrada.

Perzonal War para la posdata, alemanes, cabalgando entre el power y el thrash, larga su trayectoria, “Dead Meaning”

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