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Posts Tagged ‘Madres’

Exterminando dudas, la suegra de ella no es suegra, es mamá.

Bien, es lo que tiene sacar documentos que debían permanecer ocultos de por siempre, cuando lo hice con LLUVIA poco tardaron Alterita o Mandarica en mezclar churras con merinas, menos mal que luego mi farmacéutica preferida comprendió el tema de las enormes diferencias que hay entre una suegra y una madre.

Porque no es ni parecido, suegra es la madre de ella, siempre de toda la vida de dios, la suegra de ella no deja de ser una segunda madre, podrás pensar que como a divagar sin sentido y al follar no me gana nadie quizá este razonamiento sea algo muy cogido por los pelos, vale, pues vayamos a demostrarlo como se deben demostrar las cosas, con un ejercicio de investigación en condiciones, pillaremos una mujer al azar, casada, y preguntaremos, así a la buena de dios, sin que exista más ánimo en esta entrada que el explicar las cosas con objetividad.

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El escalofriante caso de Merikeit Flanagan.

Ríete tú de apariciones marianas, caso espectacular, extraño e irrepetible no hay como el de Merikeit Flanagan, , huelga decir que lo que a continuación vais a leer no es aconsejable para mentes cerradas, hay cosas que sí, que suceden, que cuesta creerlas pero que pasan aunque sea de siglo en siglo, asombrosamente podemos contar con el testimonio de la propia Merikeit Flanagan, la mujer que una vez le dio la razón a su marido.

Sí, acojonante, querida Merikeit, cuente cuente.

“Pues estaba yo un día preparando las maletas para ir al pueblo con Manolo, mi marido, metía sólo lo imprescindible y aun así me salían 16 maletas tipo sarcófagos de grandes que eran las putas de ellas, así que fui quitando ropa del Manolo, que total, una vez que va al pueblo se pone el bañador y se pasa el día a día asín, solo necesita el traje para la misa de los domingos, que por cierto, menuda la que han liado con el cambio de cura..”

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La goitibera.

Es curioso, cuando te pones a contar batallitas de tus años mozos sabes de sobra que esas cosas se la pelan a todo el mundo menos a ti, aun así me gusta contarlas, a medida que escribo voy recordando historietas, anécdotas, cosillas de una época irrepetible, la niñez, qué felicidad ser niño, estaba el cole, un coñazo, pero luego, ay luego, luego era vida.

Ya en su día te hablé de la pistola de pinzas, un juguete más de los muchos que tenías que hacerte si querías tenerlos, como los tirachinas y los tiragomas, que aunque parezca lo mismo es obvio que no, uno tira chinas y el otro gomas, uno de nuestros juguetes favoritos era sin duda alguna la goitibera.

Goitibera

¿Qué es una goitibera?, pues más o menos lo de la imagen, ahora las hacen ya de cojones, pero de aquellas pues eso, “asín”, no tan cutre, con dos ruedas adelante, el sillín con esponja forrada para hacerlo más cómodo, pero eso, “Goitik Behera”, de arriba a abajo en euskera, de ahí viene el nombre del artilugio, que seguramente exista con otro nombre en el resto del mundo, obviamente no se compraban, se hacían, pillabas unos palos, unos rodamientos y unas puntas y ya tenías tu bólido, porque de eso se trataba, de tener una cosa por la que tirarte monte abajo.

En eso consistía el entretenimiento, en subir la cuesta andando y bajarla con la “goiti”, cuando la cuesta te aburría al monte, ojo, pedazo monte, no muy alto, 300 metros, pero la carretera no llegaba a los dos kilómetros, unas rampas acojonantes, y sin frenos, las zapatillas, así luego llegabas a casa y tu madre a medida que le faltaba suela a la tuya desgastaba la suya en tus honorables posaderas.

Ahí, en el monte, lo que molaba era bajar de noche, a oscuras, nada de farolas, eso era para los ricos, claro, era monte de vacas, esquivar ñordas de noche y a toda hostia era complicado, menos mal que siempre estaba el fantasma que se tiraba ahí sin conocimiento, “ja ja ja, que os paso” y se comía la mayor parte de las mierdas, este era el mismo al que veías hostiado en cualquier curva, porque claro, girar no era sencillo.

Ese era otro problema, las hostias, en el monte pues nada, salvo un precipicio la cosa no tenía mayor problema, las campas te solían recibir con su blandita hierba, pero bajando por las calles del barrio era otra cosa, porque aunque no había mucho coche alguno te cruzabas, o el autobús, que era peor, entonces no quedaba que tirarte a la cuneta, o eso o darte de morros, ¿qué pasaba?, pues que frenar era complicado, si ponías el pie contra la rueda de un coche aparcado pues eso, que te dejabas el tobillo tibio.

Y eso me pasó un día, que de una mala frenada se me puso el tobillo como los cojones de un grillo, negros no, lo siguiente, pero, si vas a casa y le dices a tu madre que te has hecho una avería en el pie por culpa de la superprohibida goitibera…. vamos, que el tobillo ya no te iba a doler. Entonces llegaba yo ahí disimulando el dolor, como si fuera tonta….

Qué manía tienen las madres de arreglarlo todo con unas friegas, cogía el aceite, te ataba a la cama y ala, a apretar el tobillo hinchado, coño, que duele más aun cojones, “¿te descansa hijo?” y tú solo porque lo dejara, “si ya no me duele mamá”, nada, no daba credibilidad alguna a tus palabras, pues no preguntes, venga ahí a hincar los dedos, tú ya no es que vieras estrellas, veías hasta la gravilla de los asteroides.

Pero qué tiempos, qué pasada bajar con tu goiti desde lo alto de la carretera, porque encima metía un ruido del copón bendito, te sentías Fitipaldi, pedazo juguete barato barato, pero con un valor incalculable, una de las muchas cosas que nos hacían felices de niños.

Muy poco después de esa época fue cuando descubrimos a Barón Rojo, una de las bandas españolas más míticas, “Tierra de Nadie” es, pues eso, de sus temas más reconocidos, la letra la sé de memoria, la habré escuchado miles de veces, sensacional.

Madre, no hay más que una.

Hace un tiempo dediqué una entradita de estas a la figura de mi padre, claro, obligado era hacerla a mi madre, si hay una frase cierta es esa de “no hay nada más sagrado que una madre”, sin duda, debe de haber algún tipo de vínculo por ahí, inexplicable, que nos hace adorar a esa mujer, la que nos dio la vida, la que nos crió.

Yo soy el pequeño de todos los hermanos, así que cuando quise tener uso de razón ya veía a mi madre viejecina, digo vieja sí, reitero que lo de “mayor” es una chorrada como un templo, nada tiene de malo envejecer, de hecho es lo que casi todo el mundo desea, cansada, siempre cansada, además, para cuando quiso ver a sus hijos pequeños más o menos independientes (y con eso me refiero a ocho añitos) ya era abuela, toda una vida dedicada a criar renacuajos y renacuajas (bueno, renacuajas sólo a una, mi santísima hermana).

ChisteTodos sacamos cosas de nuestra madre, yo también claro, mi madre es de las que llegan con tiempo a todas las citas, cuando digo con tiempo me refiero a mucho tiempo, el cole lo teníamos a escasos 5 minutos, pero siempre salíamos media hora antes, “por si acaso”, claro, eso en primavera hasta estaba bien, jugabas un rato antes de entrar, pero en invierno resultaba algo incómodo, mi padre solía decir que cuando mi madre se quedaba embarazada ya se iba para el hospital, a pillar sitio para parir, esa es una de las cosas que más claramente he heredado de ella, aunque no siempre claro, me acuerdo el día de mi boda, con toda la familia esperando para ir a la iglesia y yo con mi hermano tomando pacharanes, esa cara que puso es de las que no se olvidan.

Mi madre creo que se vio siempre superada por sus hijos, una panda de cabrones en general, lo intentaba, tenía la zapatilla desgastada de zumbarnos el culo de pequeños, daba igual, si hay algo que tengo grabado a fuego son dos frases suyas, frases que incluso hoy se las repito para hacerla reír, “esto ya es mear fuera del tiesto”, que tiene su miga a la hora de comprenderla y ojo, la mítica, “me tenéis harta y tupida”…. a ver, harta, harta vale, es entendible, pero… ¿tupida?, ¿qué coño era “tupida”?, la cosa es que daba igual, tú escuchabas la palabra “tupida” y salías por patas, a ver si pillaba a otro antes que a ti, eso era sinónimo de zapatillazo.

Fue poco a la escuela, pero coño, cómo aprovechó la cosa, esas listas de la compra con las “azanahorias” y los “guevos”, pero sobre todo, esas matemáticas, raíces cuadradas y pijadas de esas no, pero a sumar, restar, dividir y multiplicar no la ganaba nadie, administradora genial, todo era “para el mes que viene”, nunca pasamos hambre, cosa inexplicable, una familia tan numerosa con un sueldo más bien escaso, gracias a mi madre claro, ropa heredada, remendada, el peluquero era un extraño, para qué si estaba ella, en un plis nos cortaba el pelo a todos, vergüenza pasabas cuando ibas con ella a comprar muebles, ahí siempre regateando con el vendedor, siempre le sacaba algo, unas sillas, una mesa, unas sartenes, lo que fuera, la cosa era sacar algo. Todos hemos oído, o eso creo, alguna vez lo del vaso de la nocilla, ibas tú a ponerte el bocata, “Ama, se ha acabado la nocilla”, venía ella, “anda quita”, qué arte arrebañando, sacaba pa tres bocatas, esas cosas sí, no son mitos, son ciertas y sólo una madre es capaz de hacerlas.

Previsora, maniática a veces, había que ser dignos, siempre guardaba un pijama nuevo a cada uno por si nos pasaba algo y había que ir al hospital, acojonante, mira que le decíamos que eso es de gafes, yo creo que porque tenía poco sitio en casa, que si no nos compraba un ataúd a cada uno, no fuera a ser que la palmáramos y tuvieran que enterrarnos empapelados con cartones. Esa es otra, luego dicen que una madre no trabaja, los cojones, como empapelaba la tía, ahí en la mesa de la cocina encolando, encajando las juntas, papel que se pudiera luego repintar claro, que no estábamos para derroches, esas imágenes de mi madre dándole a la brocha me vienen a la cabeza cada vez que llamo a un pintor, cómo cambia la vida coño.

Realmente lo extraño es que no estuviera siempre cansada, eso era dedicación, claro, a veces no podía, no podía porque eran demasiadas cosas, y nosotros sí, muy cabrones, si nos decían en el cole que el vino era malo había que comprobarlo, mi hermano con cinco años lo hizo, se trincó un litro así por las buenas, al hospital, mas el muy guindilla se escapó, si es que el que no le diera un infarto con tanto stress es algo inexplicable, sólo así se pueden perdonar sus pequeños errores, como cuando me puse malo y el médico me dio un medicamento, “cada ocho horas señora”, cada ocho horas me daba un jarabe apestoso, “no me gusta amatxu”, “te lo tomas y punto, que me tenéis harta y tupida”, ¿malo?, malo no, malísimo me puse, porque no era jarabe, era una especie de pomada para darme por el cuerpo, da igual, a una madre esas cosillas se le perdonan siempre.

Eso sí, ser el pequeño tiene sus ventajas, creces, tus hermanos van emigrando, te quedas sólo, es la polla, cuando más me ha mimado mi madre ha sido ya de mayor, comías, te levantabas de la mesa, besito a tu madre “bueno, me voy a echar la partida”, “vale hijo pásalo bien”, hay cosas que las cuento y nadie se las cree, como que con veintimuchos años mi madre me llevaba el colacao a la cama para que pudiera desayunar rápido y volver a dormir, coño, eso era vida, alguna vez se lo he sugerido a la parienta y no, no es lo mismo, si ya te digo, madre sólo hay una.

Helloween, sólo los más grandes pueden “posdatear” a la más grande, “In The Middle Of A Heartbeat”

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