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La muerte de Tepes y el nacimiento de su leyenda.

Segunda y última parte acerca de la vida y milagros de ese gran hombre, ese santo, llamado Vlad Tepes, nos habíamos quedado, en el capítulo anterior, en que su hermano se había quedado para putearle, y sí, le puteó, le comió el tarro a la nobleza rencorosa, mira que guardar rencor por unos empalamientos de nada a sus colegas, y logró que Vlad fuera encarcelado, acuérdate de “Drácula”, como la churri se suicida al recibir las noticias de la muerte de su amado, bien, la churri no se llamaba Elizabetha, pero esa escena tiene gran parte de rigor histórico, Cnaejna, que era el verdadero nombre de la parienta de Drácula recibe un email en forma de mensaje en flecha, “se acerca Radu “El Hijoputa” y su ejército de turcos”, y antes de ser capturada se lanza al río.

¿Por qué te cuento esto?, para que veas la terrible afición a matarse que había en la época, la peña a la mínima se tiraba al río, “te toca pagar en la declaración de la renta”, y se lanzaban al río, “viene tu suegra con dos maletones”, y se lanzaban al río con una piedra atada para asegurarse, es más que probable que todos los que empaló Vlad se hubieran empalado ellos solos de todas formas, en realidad era un tipo detallista que ahorraba trabajo, tal generosidad pues eso, no ha sido suficientemente comprendida después.

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Los Merovingios, esos injústamente “Reyes perdidos”.

Bueno, pues retomamos la historia, todo “gracias” a mis queridos y admirados, mas injustamente infraponderados Almaleonor y Juan, quienes en la entrada dedicada a los los hunos y Atila mencionaron a los “Merovingios”, pues nada, lo tomé como una sugerencia, vamos pues con la gente esta.

Reconozco que poco o nada, salvo el nombre, que te suena, sabía yo de los Merovingios, así que lo primero es hacerte con un buen documental al respecto, internet es la solución, coño, “Tres Merovingias y un cipotón”, pues vale, a verla.

Curiosa sociedad esa merovingia, matriarcal, salen más tías que tíos en el documental, siempre iban en pelotas, ellas se dedicaban a magrearse los senos mientras ataban al mozo a una silla, debía de ser una sociedad muy avanzada, ya que dominaban la vestimenta de latex, y pilas tenían, porque el consolador era de los vibratorios. Estaba viendo yo ahí atentamente el documental cuando entró la parienta y me mira, mira la tele, me mira otra vez, deja el bolso, suspira, estira el brazo, calienta, me vuelve a mirar y me suelta una hostia como un pan de pueblo.

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