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“The Newsroom”, periodismo Disney.

Tú imagina, un político de altura, o de no tanta, un concejal de urbanismo por ejemplo, de una ciudad costera y turística, que haga un concurso público para adjudicar alguna obra y le venga el constructor de turno con una mordida, una comisión o lo que fuera. El concejal se indigna y aparta a ese constructor del concurso, adjudicando la obra a la mejor oferta.

Tú imagina, por imaginar, un empresario, tiene varios trabajadores, entre ellos su hijo, su sobrino, un amiguete de la mili y su ahijada. La cosa va mal, intenta mantener la plantilla por todos los medios, pero imposible, ha de echar a dos, hace balance de méritos y deméritos y echa a su hijo y al amiguete de la mili, dejando en su puesto a Pepito, que es un trabajador ejemplar, aunque no le unan lazos con el jefe, aunque sea el que siempre está dando guerra por reclamar sus derechos laborales.

¿Debiera ser así? claro, ¿realmente es así?

Venga, descononémosnos juntos.

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“The Newsroom”, buscando más chicha.

Toca visionado de la segunda temporada de “The Newsroom”, una serie que recordemos viene de la mano del famosete Aaron Sorkin y que cuenta con el sello de nada más y nada menos de la HBO, una serie que en su primera temporada la verdad es que me gustó, pero gustándome le veía más de una carencia, no reconocía el sello de su santa casa por ningún lado, no hablo ya de la falta absoluta de sexo y violencia, que son para la HBO como los petardos para una nochevieja, eso lo podría perdonar con mucha facilidad.

Me refiero más a esa falta de grises, de mala leche en la trama, de dibujar una tele casi utópica, donde todos sus miembros se mueven en la más rigurosa profesionalidad, le quitaba gran credibilidad a la historia ese buenrollismo pasteloso, pero en fin, que tenía sus virtudes también para qué negarlo, ritmo, buena química entre los personajes y más ritmo, eso es sobre todo lo que me quedó en el recuerdo de la primera entrega, con esta segunda lo dicho, a ver si pulía defectos y se iba convirtiendo en una buena serie, que algo le faltaba.

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“Dexter”, el final de otro mito de la tele.

Hay momentos televisivos que parece que no van a llegar nunca, sin duda uno de ellos es el final de “Dexter”, ocho temporadas nada menos, creo que no he seguido nunca una serie tan larga, haberlas las ha habido, pero vaya, que yo tenga vista me da que no. Showtime ni de lejos pensaba cuando James Manos, Jr. empezó con la serie que acabaría siendo el santo y seña del canal, en su serie más exitosa, una serie de culto, que si bien en la tele española ha pasado desapercibida y que tampoco es que haya copado los premios del ramo nunca pues eso, tiene una legión de seguidores bastante curiosa.

Lo que empezó siendo una especie de justiciero asesino, un hombre de apariencia normal, el vecino perfecto, con un problema mental que le hacía sentir una irrefrenable ansia por acuchillar gente, con su método para dar rienda suelta a su peculiar necesidad, fue tornándose en algo más complejo, reconozco que al principio me costó entrar en el mundo de Dexter, me parecía muy de recurso facilón eso, el ponerte del lado de un asesino en serie sí, pero como justificándolo. Poco a poco eso fue cambiando, la serie ganando en oscuridad e intensidad, parece que el equipo de guionistas se dio cuenta de que entraba en una especie de bucle, repitiendo esquema temporada tras temporada y ya en las dos últimas la cosa fue cambiando, a mejor, a mucho mejor, es muy raro que una serie tan larga mejore con el tiempo, “Dexter” lo hizo. Es evidente pues que de la temporada final se pudiera esperar algo realmente acojonante, impactante y que dejara un recuerdo imborrable de una serie eso, de las importantes.

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La política y “The Wire”

Ya hablamos en su momento de “The Wire”, hablé también de su comisaría y de las calles de Baltimore, hoy le toca el turno a la política.

The Wire, politica

El tema de la política en la serie aparece en meros esbozos en las dos primeras temporadas, aparece a lo grande en la tercera (a mi juicio la temporada más redonda de
“The Wire”), y ya no deja la serie hasta que esta finaliza, ya te he contado que esta serie me parece la mejor de la historia de la televisión, David Simon realmente parió algo muy grande, capaz de mezclar realismo, acción, grandes personajes, retrato social y muchas otras cosas como nunca antes se había hecho, pero sin duda también en la serie hay mucho de denuncia, denuncia al sistema, a la sociedad actual, a las corrupciones, es quizá cuando Simon nos muestra la política cuando tira más a la parte de crítica y denuncia, aunque lo haga de una manera superinteligente y con gran clase.

Porque si cuando retrataba a la policía y retrataba a las calles también metía mucho de denuncia social al menos perfilaba personajes que a su manera no dejaban de tener cierta moralidad, aquí ya esta escasea, escasea en prácticamente todos los niveles, y cuando no escasea el mensaje es todavía peor, durante las dos primeras temporadas sólo asoma el tema al mezclarse en una investigación sobre drogas el senador ‘Clay’ Davis (Isiah Whitlock, Jr.), también, aunque sin poner rostros, en las presiones que reciben los mandos policiales, Burrell, Rawls, Valchek y demás, todos ellos más preocupados por cumplir cifras como sea para lograr sus respectivos ascensos que de otra cosa, tras presentarnos la lucha bandas y el puerto de la ciudad llegamos a la tercera temporada, llegamos al ayuntamiento de Baltimore.

Ahí tenemos al alcalde, Clarence Royce (Glynn Turman), corrupto, putero, el típico alcalde que la pantalla suele mostrar cuando quiere que nos llegue lo peor de la política, lo único que importa es lo que llegue al votante, la imagen, los números, bajo el paraguas de la integridad y la moralidad, del trabajo por y para el pueblo, del servicio a la comunidad, de lo que siempre nos cuentan los políticos de todo el mundo, encontramos la mayor de las bajezas morales, detrás de él dos concejales para controlar la labor policial, ‘Tony’ Gray (Christopher Mann) y al gran protagonista de la historia esta, ‘Tommy’ Carcetti (Aidan Gillen de “Game of Thrones), estos están en la comisión de control policial y son los que exigen los números de detenciones y resoluciones de casos, disminución de violencia etc. a la policía, digo números porque eso es lo que importa, las estadísticas, si un asesinato no se denuncia ya no es un asesinato.

Resulta que el concejal Carcetti es blanco, blanco en una de esas ciudades de mayoría negra, su gran anhelo es ser alcalde, su gran virtud que realmente quiere arreglar las cosas, es un tío íntegro, comprometido con el pueblo, pero no cara a la galería, como el senador o el actual alcalde, no, este realmente quiere servir a sus ciudadanos, su gran problema, ese, que es blanco, como le responde su asesora de campaña cuando él le pregunta el por qué no puede ser alcalde, “simplemente porque tienes el color equivocado”, así que nuestro íntegro candidato empieza a hacer pequeñas triquiñuelas para lograr su objetivo, como mentir a su colega y amigo Gray (este sí, negro) para que se presente y así dividir en lo posible el voto de esta comunidad.

Pequeñas cosas, necesarias como mal menor en pos de una meta tan altruista y generosa como es la suya, lo consigue, gana las primarias y gana las elecciones (esto último parecía cantado) y ahí comienza la gran crítica de Simon, la genial crítica de Simon, cuántas veces hemos oído eso de que “el poder corrompe”, aquí no hay excepciones, pero la manera de contarnos la carrera de Carcetti al frente del ayuntamiento, el cómo sus metas al llegar se diluyen y acaba siendo casi una imagen de su antecesor es algo digno de ser recordado y digno de ser visto, porque te lo cuenta de una manera en la que no sólo entiendes los actos de Carcetti sino que incluso le disculpas, le comprendes, casi te dices que “no le queda más remedio”.

No es el único íntegro que sale en esta historia, tenemos a Cedric Daniels (Lance Reddick, “Fringe” ), al que ya vimos en la comisaría, él fue el elegido para comandar la nueva división de crímenes especiales de la policía, con su pasado oscuro sí, pero honrado y trabajador, preocupado por resolver los casos (aunque al principio tuviera sus reparos ante las presiones que recibe de arriba), es más o menos el alma gemela de Carcetti, este obviamente se fija en él y logra darle la responsabilidad máxima, aunque sea compartida con algún hombre más o menos de paja, de la policía de Baltimore cuando llega a la alcaldía, este, al contrario que Caretti no cambia, o no lo hace suficientemente, su destino evidencia una realidad deprimente, o vives para el sistema o no tienes cabida en él.

Debo comentar algo acerca del senador Davis, resulta que Daniels está liado con Rhonda Pearlman (Deirdre Lovejoy), durante tiempo ésta, apoyada por un costoso trabajo policial, logra cimentar un caso de corrupción contra el senador, resuelto de una manera en la que Simon nos escupe a la cara, nos escupe dejándonos claro que por mucho que critiquemos el sistema político al final somos tan gilipollas que nos lo creemos, nos encanta que los políticos nos engañen y nos mientan, mientras repartan alguna migaja, migaja que no deja de salir de nuestro bolsillo, esta historia, la del juicio del senador, es de lo mejor de la serie, sin duda.

En este tema, la política, es donde Simon se muestra más “rabioso”, quizá porque de todo lo que trata en “The Wire” es sin duda lo que menos le gusta, crítico habitual del sistema y de cómo este lucha contra la droga, sistema que definió como “equivocada, destructiva y deshumanizante”, pero toda esta rabia y todo el buen hacer de David Simon ha dado como resultado también cosas curiosas, como la historia de Jón Gnarr, excomediante y puesto como alcalde de Reykjavik por los votantes de la ciudad como muestra de su desapego a la política tradicional, una de las primeras medidas anunciadas por Jón fue dejar claro que no haría pacto alguno con alguien que no se hubiera visto las cinco temporadas de “The Wire”, tal excentricidad aparente lo deja de ser cuando ves la serie, cuando te das cuenta de lo que es, todo un tratado sociológico de la corrupción humana, una serie de ficción que muestra la realidad mejor que cualquier documental.

Antes de acabar me gustaría avisarte, si no me sentiría culpable, de que aquí, en esta entrada, hay multitud de “spoilers”, ya sé que estas cosas se avisan antes, pero si te lo aviso no lo lees, discúlpame, al final comparado con los políticos esto no es nada, pequeñeces.

Ahora sí, posdata, Helloween, “Kill It”, de “Gambling with the Devil”:

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