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“Spartacus”, Dioses del Fornicio.

En estos días, los que gozamos del espectáculo visual de la saga “Spartacus”, recibimos una gran noticia, el esperado estreno a primeros de año de la segunda temporada de la serie, bien, aun no estrenada esta hay que decir que el canal Starz ya ha anunciado que habrá tercera parte, albricias, pero hoy toca hablar de una miniserie llamada “Spartacus: Gods of the Arena”, titulada en cristianés “Spartacus: Dioses de la Arena”

Dioses de la Arena

La cosa es sencilla, al prota de la serie, Andy Whitfield, le diagnostican cáncer, esperando que su salud mejore caben tres alternativas, parar la serie, cosa que no es aconsejable dado el éxito que para Starz, la cadena propietaria del asunto, estaba teniendo, dos, cambiar el protagonista, cosa que han acabado haciendo cara a la segunda temporada, esto era sin embargo la solución menos querida y sólo se debía tomar si no quedaba otro remedio, la tercera, inventarse algo, dar tiempo a que Andy se recuperara, que es la que en principio se tomó, aunque desgraciadamente al final como digo se tuviera que recurrir a la segunda.

Se tomó pues la decisión de hacer una precuela de la historia, es decir, la vida en el ludus de Batiato antes de la llegada de Espartaco, el que no esté en la historia el célebre tracio se la debió de sudar a la cadena a la hora de bautizar también con el “Spartacus” a la movida esta, volvemos a ver a Batiato, a su impúdica mujer, a varios de los gladiadores que aparecían en la serie anterior y a Gannicus, que toma un poco el rol de Espartaco como protagonista.

A ver, imaginaros que tenéis 2.000 millones de euros, sois ricos, ¿no?, si tenéis 200.000 millones sois muy ricos, pero con 2.000 kilos también, pues algo parecido pasa aquí, sigue existiendo el sexo desenfrenado, la estética “300“, violencia a saco, pero algo menos, sigue siendo ultra violenta, pero sin llegar al extremo de la primera temporada, en cambio la cosa se centra más en las intrigas del “Domine” Batiato, todo lo que pierde en violencia y gana en intrigas es la tara de “Dioses de la Arena”, porque no nos engañemos, esta serie ofrece algo muy concreto, sexo y sangre, a raudales, entretenimiento puro y duro, espectáculo, aquí, al abundar menos, hay momentos en los que te aburres, o quizá sea que ya ha pasado el primer momento, con la anterior temporada, en el que te sorprendía la estética y la violencia de la trama.

Otra pega, Dustin Clare, el actor que interpreta a Gannicus, me recuerda a Collin Farrell pero exagerando aun esa cara de estreñido que el Collin usaba por ejemplo en “Alejandro”, por contra aparece Jaime Murray (la loca peligrosa de la segunda temporada de “Dexter“), tremendamente sensual la muchacha, el resto pues eso, la mayoría no están elegidos por sus capacidades interpretativas, sino por sus torsos, así que a recurrir a lo de las peras y los olmos.

De la serie original se mantienen John Hannah como dueño del ludus, su esposa, Lucy Lawless, el cimarrón de ébano Peter Mensah, Manu Bennett, como Crixo, que toma también un poco el rol de Espartaco, él es el que en esta ocasión llega a la academia de gladiadores y se convierte en el campeón tanto en la arena como en la monta de romana impúdica, Nick Tarabay o Antonio Te Maioha.

Aparecen nuevos personajes, los malos son Gareth Williams y Stephen Lovatt, y aparece el papá del jefe, interpretado por Jeffrey Thomas, también está la esclava mona que se verá metida en un triángulo amoroso, a la que da vida Marisa Ramirez.

En definitiva, entretiene sí, sigue la tónica de la saga, pero es quizá prescindible, la ves pero lo que quieres ver realmente es la continuación de la primera temporada, con los esclavos en fuga y todo eso, “Yo soy Espartaco”.

Amos con la postdata, Parabellum es una banda de Barakaldo, rock urbano, algunos les metían dentro del movimiento punk, pero yo nunca les llegué a ver así, forman parte del recuerdo personal, de una época en la que servidor le daba al kinito y al peta, con La Polla Records, Barricada, MCD, Reincidentes o Extremoduro como referencias musicales, poco a poco fui dejándolos a un lado, pero aun así hay ciertas canciones que me dejaron su huella, quizá la última de Parabellum que realmente me gustó fue este “Anoche Dije Adios”, luego ya les perdí la pista del todo:

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“Spartacus”, sangre, arena y polvazos.

No hay cosa que más se agradezca que la honestidad, ofrecer algo y que resulte que lo que se promete se corresponda con lo que tienes, ese es sin duda el caso de “Spartacus: Blood and Sand”, titulada en cristianés “Spartacus: Sangre y arena”.

Spartacus

El invento este es responsabilidad de Steven S. DeKnight, engargado por el canal Starz, responsable de “Camelot” por ejemplo, no obstante quizá recuerda mucho más a “300” o incluso en ocasiones a “Roma”, la serie de HBO, que a la pastelosa serie Artúrica.

Seamos sinceros, como serie, el argumento, los guiones, los diálogos, etc esto es un poco truño, pero ay madre, como espectáculo es acojonante, acción a tope, escenas cargadas de sangre, desmembramientos, sangre manando por todos los lados, a veces salpicándote, ritmo vertiginoso, sin dar lugar al respiro, cuando las espadas y tridentes se guardan se da pie al folleteo en estado más puro.

Porque sí, esto no es algo familiar, ni romántico, el lenguaje soez y el sexo explícito es omnipresente, los fornidos gladiadores dan el callo tanto en la arena como encima de la jaca de turno, la moralidad brilla por su ausencia, no se escatiman detalles ni escenas de las que no dejarías ver a tus hijas.

Andy Whitfield es la estrella protagonista, él da vida a Espartaco, cumple físicamente de sobra, da el pego vamos, Espartaco es capaz de cortar un brazo, desgarrar un pecho y al poco rato estar jodiendo a la romana cachonda de turno y sin desmerecer, a tí te ponen una jaca de esas y en cuanto apuntas con el nabo ya estás encendiendo el cigarrillo de después, él no, él ahí como el Campeón de Capua.

John Hannah, el cuñado de la saga “The Mummy” hace de dueño del ludus, Lucy Lawless, la Xena de toda la vida, es la esposa impúdica del anterior, Viva Bianca es la todavía más impúdica compañera de orgias de la anterior, Manu Bennett hace de Crixo, rival de Spartacus, también aparecen en personajes más o menos relevantes Peter Mensah, Nick Tarabay o Jai Courtney.

Decir que realmente ni te fijas en cómo actuan, ni falta que hace, como digo esto es lo que es, espectáculo puro y duro, no se exprimen en ningún momento ni a los actores ni a los guionistas, aquí es la parte visual la que manda.

Comentar que el pobre Whitfield pilló un linfoma no-Hodgkin, el canal esperó a que hiciera el tratamiento de cura y en vez de rodar la segunda parte hizo una especie de precuela, basada en la vida en el ludus antes de la llegada del tracio, pero lamentablemente falleció, por lo que en la segunda parte será otro el actor que interprete al gladiador, Liam McIntyre.

Lo mejor del tema, para mí, es que cuando la ves ni te acuerdas de Kirk Douglas, y no es evidentemente porque esta serie sea mejor que la mítica peli de Stanley Kubrick, ni mucho menos, la cosa es que han hecho algo tan distinto que no admite comparación alguna.

Por cierto, cuando la ví aun no se había emitido en “Cuatro”, mientras la visionaba de las primeras cosas que pensé es qué cadena la podría emitir en España, por la polémica que pudiera originar, al final fue esa, “cuatro”, y polémica tampoco es que hubiera demasiada, en fin, señal de que vamos haciéndonos un poco más tolerantes.

Dark Moor acaba de llegar, como banda, a su mayoría de edad, este grupo es sin duda alguna mi preferido entre todos los que han surgido en España, superaron incluso lo que es para otros una china en el zapato constante, el cambio de miembros, sobre todo el de vocalista, pasaron de Elisa Martin a Alfred Romero, aunque es Enrik García el auténtico lider de la banda, temas cojonudos les sobran, sin duda este “Devil in the Tower” lo es, dentro del album “Tarot” es quizá su tema más currado, una joya vaya.

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