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Posts Tagged ‘Infancia’

Ay la nostalgia.

“Quiero ver el coño de mi madre”. A ver, no pienses mal, mejor de momento ni pienses nada, esa frase es uno de los términos de búsqueda con los que me topé dentro de las estadísticas del blog, como para tomar en consideración las visitas que tiene uno, porque no es solo ese, “foca gay”, “se te ve el coño” (este debe ser el mismo del principio una vez logrado el objetivo) o “famosa herida en el buyacas” son alguna de las cosas con cuyos resultados al buscar en google vienen al sitio este, pero no va de eso, que ya hablamos, el tema, volvamos al enfermo del principio.

Digo yo, o es un enfermo salido, que pudiera ser, o quizá simplemente un nostálgico, que ya sabes como nos mola recordar batallitas y cogorzas, quizá el tipo se sintiera tan a gusto en el parto que quiera recordar el asunto, que a ver, es como digo yo siempre a las mujeres, no tengáis prisa en retirarle el pecho al niño cojones, que no os imagináis lo que nos cuesta pillar otra luego, es pues, de la nostalgia, de lo que quiero hablarte.

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La goitibera.

Es curioso, cuando te pones a contar batallitas de tus años mozos sabes de sobra que esas cosas se la pelan a todo el mundo menos a ti, aun así me gusta contarlas, a medida que escribo voy recordando historietas, anécdotas, cosillas de una época irrepetible, la niñez, qué felicidad ser niño, estaba el cole, un coñazo, pero luego, ay luego, luego era vida.

Ya en su día te hablé de la pistola de pinzas, un juguete más de los muchos que tenías que hacerte si querías tenerlos, como los tirachinas y los tiragomas, que aunque parezca lo mismo es obvio que no, uno tira chinas y el otro gomas, uno de nuestros juguetes favoritos era sin duda alguna la goitibera.

Goitibera

¿Qué es una goitibera?, pues más o menos lo de la imagen, ahora las hacen ya de cojones, pero de aquellas pues eso, “asín”, no tan cutre, con dos ruedas adelante, el sillín con esponja forrada para hacerlo más cómodo, pero eso, “Goitik Behera”, de arriba a abajo en euskera, de ahí viene el nombre del artilugio, que seguramente exista con otro nombre en el resto del mundo, obviamente no se compraban, se hacían, pillabas unos palos, unos rodamientos y unas puntas y ya tenías tu bólido, porque de eso se trataba, de tener una cosa por la que tirarte monte abajo.

En eso consistía el entretenimiento, en subir la cuesta andando y bajarla con la “goiti”, cuando la cuesta te aburría al monte, ojo, pedazo monte, no muy alto, 300 metros, pero la carretera no llegaba a los dos kilómetros, unas rampas acojonantes, y sin frenos, las zapatillas, así luego llegabas a casa y tu madre a medida que le faltaba suela a la tuya desgastaba la suya en tus honorables posaderas.

Ahí, en el monte, lo que molaba era bajar de noche, a oscuras, nada de farolas, eso era para los ricos, claro, era monte de vacas, esquivar ñordas de noche y a toda hostia era complicado, menos mal que siempre estaba el fantasma que se tiraba ahí sin conocimiento, “ja ja ja, que os paso” y se comía la mayor parte de las mierdas, este era el mismo al que veías hostiado en cualquier curva, porque claro, girar no era sencillo.

Ese era otro problema, las hostias, en el monte pues nada, salvo un precipicio la cosa no tenía mayor problema, las campas te solían recibir con su blandita hierba, pero bajando por las calles del barrio era otra cosa, porque aunque no había mucho coche alguno te cruzabas, o el autobús, que era peor, entonces no quedaba que tirarte a la cuneta, o eso o darte de morros, ¿qué pasaba?, pues que frenar era complicado, si ponías el pie contra la rueda de un coche aparcado pues eso, que te dejabas el tobillo tibio.

Y eso me pasó un día, que de una mala frenada se me puso el tobillo como los cojones de un grillo, negros no, lo siguiente, pero, si vas a casa y le dices a tu madre que te has hecho una avería en el pie por culpa de la superprohibida goitibera…. vamos, que el tobillo ya no te iba a doler. Entonces llegaba yo ahí disimulando el dolor, como si fuera tonta….

Qué manía tienen las madres de arreglarlo todo con unas friegas, cogía el aceite, te ataba a la cama y ala, a apretar el tobillo hinchado, coño, que duele más aun cojones, “¿te descansa hijo?” y tú solo porque lo dejara, “si ya no me duele mamá”, nada, no daba credibilidad alguna a tus palabras, pues no preguntes, venga ahí a hincar los dedos, tú ya no es que vieras estrellas, veías hasta la gravilla de los asteroides.

Pero qué tiempos, qué pasada bajar con tu goiti desde lo alto de la carretera, porque encima metía un ruido del copón bendito, te sentías Fitipaldi, pedazo juguete barato barato, pero con un valor incalculable, una de las muchas cosas que nos hacían felices de niños.

Muy poco después de esa época fue cuando descubrimos a Barón Rojo, una de las bandas españolas más míticas, “Tierra de Nadie” es, pues eso, de sus temas más reconocidos, la letra la sé de memoria, la habré escuchado miles de veces, sensacional.

Cómo ejerce un líder de opinión.

Bueno, hace unos meses, en la previa de la final de la UEFA, o como se llame, en la radio estaban comentando cosas de la previa y tal, la final fue en Rumanía, por lo que decían era todo un acontecimiento allí, los críos sin cole incluso, bueno, me llamó la atención una cosilla, que los medios locales cubrían el evento como si fuera eso, un gran acontecimiento, con gran despliegue de medios. Como los dos finalistas eran de la liga española encontráronse un problema, el idioma, para los periodistas que querían captar las opiniones y actos de las aficiones y a pesar de la habilidad con el castellano que tienen en esas tierras, era una complicación.

¿Cómo lo solventaron?, pues mandando sobre todo a mujeres a cubrir la información, ¿por qué?, pues por algo realmente curioso, allí las telenovelas las dan sin doblar, como la mayoría del público que las ve es femenino entre el periodismo rumano eran muchas más mujeres que hombres las que tenían cierto dominio del castellano. Qué cosa más intrascendente, ver telenovelas, al final resulta ser algo útil. Leer más…

Mi papá me mima.

Dicen que los homenajes, pararte a pensar en alguien en retrospectiva, es para cuando alguien se muere, si lo haces con la figura paterna pues bueno, tiene un pase si es en el día del padre, pues no, no es el día del padre, ni mi padre está muerto, ojala dure muchos años más, pero hoy quiero acordarme de él, no sé por qué, tampoco hace falta una razón concreta digo yo.

Claro, ahora, que soy padre, me doy cuenta de lo complicado que es, de lo que significa, de lo que se siente, la perspectiva , hace meses cada una de mis hijas me regaló algo para el día del padre, la peque, como aun no sabe leer ni escribir hizo un dibujo ahí en plan guapo, con plastilina, témperas y todo lo que pilló, ahí estaba ella todo orgullosa, al verlo la mayor se quedó así como con cara de decepción, ella tan sólo me había hecho una pequeña postalita, ponía “has sido un buen padre, felicidades”, qué coño sabrán ellas, qué sabrá la niña que lo único que quiero en esta vida de ellas es precisamente eso, que piensen que he sido buen padre, qué decir tiene que uno hasta soltó la lagrimilla al leer esas palabras, orgullo vamos.

Chiste padres¿Y el mío?, ¿fue un buen padre?, pues al menos poco usual, claro, ahora entiendes muchas cosas, cosas que antes se te escapaban, mi padre fue de esos que pisó la escuela lo justo, con apenas 20 años ya estaba casado, con un crío y trabajando como un cabrón, a partir de ahí venga críos, me imagino la cara que pondría al decirle mi madre que estaba otro en camino, “dónde coño le voy a meter”, un piso (que aun existe y donde siguen viviendo) de menos de 50 metros cuadrados, hasta cinco hermanos (y otro que murió nada más nacer), para volverse loco, mis primeros recuerdos de mi padre son verle llegar de trabajar, sentarse, mi madre nos obligaba a los hermanos más pequeños a ponerle la mesa, la comida, entonces me tocaba los huevos claro, yo no era un criado, luego entiendes el motivo, por una parte era una manera que tenía mi madre de hacernos agradecerle su esfuerzo diario y por otra luego entiendes que entre lo cansado que llegaba el pobre hombre y el ver cómo dos de sus hijos le atendían ese era su momento del día, sin duda, ese y la siesta que se cascaba luego.

Santa paciencia tenía el hombre, ahí subiendo al monte cada dos por tres con la prole, nos llevaba cada día algo para asar, patatas, chorizo si había mucha suerte, daba igual, la cosa era hacer fuego, él cogía, nos llevaba a una cueva o algo, se sentaba y se la sudaba luego lo que hiciéramos, libertad absoluta, quizá otro nos hubiera enseñado a diferenciar los árboles, las plantas, sabiduría popular, él no, el nos daba las cerillas, una hoja de periódico y ala, a fumarse el farias, “que los más mayores cuiden de los pequeños”, ese era su lema, y sí, ya lo creo que los mayores enseñaban, demasiado quizá.

Mi padre era amante de la tranquilidad, lo entiendo claro, con cinco hijos en un espacio tan reducido un poco de calma debía ser gloria, uno de los recuerdos que más han perdurado es el estar llorando, llegar él, siempre con esa tranquilidad, preguntarme el por qué lloraba, yo ahí haciéndome de rogar, “¿qué te pasa hijo?”, “nada aita”, y zas, hostion, “ala, ahora ya tienes motivo para llorar”, evidentemente para la próxima que te pillaba llorando ya tenías pensados varios motivos por si alguno no le convencía, tampoco te creas que mi padre era muy de darnos hostias, según él las necesarias, lo malo es que alguna vez sí que era necesario claro, nada de psicología infantil, una vez nos cazó a un hermano y a mí haciendo fuego en su habitación, encima entre nosotros y la puerta (la típica travesura infantil vamos) y mientras mi madre se puso como una loca a chillarnos fue él y toma, sendos hostiones, efectivo, nunca volvimos a hacer fogatas en casa (con él dentro vamos).

Amante de la jerarquía, de la responsabilidad, mi hermano mayor, más que un hermano era un segundo padre. Cierto día nos cogió a dos hermanos (en realidad siempre los mismos, los dos más pequeños), llenos de roña en la calle, no recuerdo qué hicimos para ensuciarnos tanto, pero sí las consecuencias, a la bañera los dos juntos y mi hermano mayor limpiándonos con un nanas, un estropajo de esos como de metal, que coño, dolía, “os vais a enterar cabrones”, entró mi padre en casa, nos miró, miró a mi hermano, suspiró y pasó de largo, pero coño, justo en ese momento ni llorabas, y eso que motivo tenías, por si las moscas.

Tú pensarás que menudo ogro de padre, pues no, porque tenía cosas muy buenas, entre otras que para lo bueno tampoco era un padre al uso, mi primera borrachera me la pillé con él, caminata de monte, los dos solos, él con la bota de vino, descanso, “echa un trago hijo”, la marcha continúa, otro descanso, para cuando llegué a casa tenía un pedal acojonante, pedal evidente, para mi madre al menos, no lo sé, porque nunca hablé del tema, pero seguro que esa noche mi padre no arrimó cebolleta, no se llora sin motivo, las trastadas traen consecuencias y la vida está llena de peligros, que en la medida de lo posible intentaré no evitarte para que experimentes sus consecuencias, muy protector no era no.

Aprendimos a usar un cuchillo haciéndonos cortes, a encender un fuego quemándonos, a no quejarnos, al menos no por tonterías, de él saqué el levantarme todavía hoy en el metro para cederle el sitio a un anciano, él nos hacía levantar siempre en el autobús para esas cosas, cuando alguien necesita ayuda para pasar una puerta con un coche de niño o una silla de ruedas siempre se la abro yo, es instinto adquirido, mi padre siempre nos obligaba a ello, sus sistema era claro, muchos hijos para una sola madre, porque él estaba siempre trabajando, había que portarse lo mejor posible, por las buenas o las malas, ser solidarios, ayudarnos, como era un peón aprendimos también el enorme valor de cada pequeña cosa, no se te ocurría tirar un cacho de pan, a estirar cada juguete hasta que se rompía y luego a reutilizarlos como sea, hace poco le hice a mis hijas unas pistolas con dos pinzas, flipaban, esos eran nuestros juguetes, un sofá abandonado un lujo, menudos tirachinas sacabas de ahí.

Hoy le miro, con sus nietos, curioso, siempre le suelo decir que estos le mean encima y él contento, “cosa tuya educarlas” me dice, él a mimarlas, qué quieres que te diga, yo le adoro, no se mete en tu vida, siempre te pide permiso para darte un consejo, cuando le llamas siempre está disponible, cuando ha estado enfermo y tú has pasado una noche con él en el hospital su cara es todo agradecimiento, su mirada te emociona coño, siempre intentando molestar lo menos posible, ni un puto reproche, nunca, el más mínimo detalle con él le hace feliz, mínimo para ti claro, como la tarjeta de mi hija, ahora sé que cuando nos mira lo que siente es orgullo, lo que yo siento por mis hijas, lo que intento simplemente es hacerle saber que yo también le miro con orgullo, sí, fue un gran padre, hostias incluidas.

Freedom Call para la posdata, un grupo que me encanta, si te digo que es un grupo que me encanta y te digo que este “The Darkness” es mi tema favorito de ellos comprenderás cuánto me gusta. Cada vez que te pongo un tema es como si me desnudara, te muestro mis gustos, pues con este es como si te enseñara hasta la cicatriz de la vasectomía (por cierto, adivina quién me acompañó cuando me operé, sí, mi padre), si alguna vez te has preguntado qué música me apasiona… pues eso, temas como este.

He llamado a mi padre y me ha dicho que te recuerde lo del día 19:

“El sentido de tu blog”

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