Archivo

Posts Tagged ‘Goitibera’

La goitibera.

Es curioso, cuando te pones a contar batallitas de tus años mozos sabes de sobra que esas cosas se la pelan a todo el mundo menos a ti, aun así me gusta contarlas, a medida que escribo voy recordando historietas, anécdotas, cosillas de una época irrepetible, la niñez, qué felicidad ser niño, estaba el cole, un coñazo, pero luego, ay luego, luego era vida.

Ya en su día te hablé de la pistola de pinzas, un juguete más de los muchos que tenías que hacerte si querías tenerlos, como los tirachinas y los tiragomas, que aunque parezca lo mismo es obvio que no, uno tira chinas y el otro gomas, uno de nuestros juguetes favoritos era sin duda alguna la goitibera.

Goitibera

¿Qué es una goitibera?, pues más o menos lo de la imagen, ahora las hacen ya de cojones, pero de aquellas pues eso, “asín”, no tan cutre, con dos ruedas adelante, el sillín con esponja forrada para hacerlo más cómodo, pero eso, “Goitik Behera”, de arriba a abajo en euskera, de ahí viene el nombre del artilugio, que seguramente exista con otro nombre en el resto del mundo, obviamente no se compraban, se hacían, pillabas unos palos, unos rodamientos y unas puntas y ya tenías tu bólido, porque de eso se trataba, de tener una cosa por la que tirarte monte abajo.

En eso consistía el entretenimiento, en subir la cuesta andando y bajarla con la “goiti”, cuando la cuesta te aburría al monte, ojo, pedazo monte, no muy alto, 300 metros, pero la carretera no llegaba a los dos kilómetros, unas rampas acojonantes, y sin frenos, las zapatillas, así luego llegabas a casa y tu madre a medida que le faltaba suela a la tuya desgastaba la suya en tus honorables posaderas.

Ahí, en el monte, lo que molaba era bajar de noche, a oscuras, nada de farolas, eso era para los ricos, claro, era monte de vacas, esquivar ñordas de noche y a toda hostia era complicado, menos mal que siempre estaba el fantasma que se tiraba ahí sin conocimiento, “ja ja ja, que os paso” y se comía la mayor parte de las mierdas, este era el mismo al que veías hostiado en cualquier curva, porque claro, girar no era sencillo.

Ese era otro problema, las hostias, en el monte pues nada, salvo un precipicio la cosa no tenía mayor problema, las campas te solían recibir con su blandita hierba, pero bajando por las calles del barrio era otra cosa, porque aunque no había mucho coche alguno te cruzabas, o el autobús, que era peor, entonces no quedaba que tirarte a la cuneta, o eso o darte de morros, ¿qué pasaba?, pues que frenar era complicado, si ponías el pie contra la rueda de un coche aparcado pues eso, que te dejabas el tobillo tibio.

Y eso me pasó un día, que de una mala frenada se me puso el tobillo como los cojones de un grillo, negros no, lo siguiente, pero, si vas a casa y le dices a tu madre que te has hecho una avería en el pie por culpa de la superprohibida goitibera…. vamos, que el tobillo ya no te iba a doler. Entonces llegaba yo ahí disimulando el dolor, como si fuera tonta….

Qué manía tienen las madres de arreglarlo todo con unas friegas, cogía el aceite, te ataba a la cama y ala, a apretar el tobillo hinchado, coño, que duele más aun cojones, “¿te descansa hijo?” y tú solo porque lo dejara, “si ya no me duele mamá”, nada, no daba credibilidad alguna a tus palabras, pues no preguntes, venga ahí a hincar los dedos, tú ya no es que vieras estrellas, veías hasta la gravilla de los asteroides.

Pero qué tiempos, qué pasada bajar con tu goiti desde lo alto de la carretera, porque encima metía un ruido del copón bendito, te sentías Fitipaldi, pedazo juguete barato barato, pero con un valor incalculable, una de las muchas cosas que nos hacían felices de niños.

Muy poco después de esa época fue cuando descubrimos a Barón Rojo, una de las bandas españolas más míticas, “Tierra de Nadie” es, pues eso, de sus temas más reconocidos, la letra la sé de memoria, la habré escuchado miles de veces, sensacional.

A %d blogueros les gusta esto: