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El cuento del cazador.

Lo primero, pedir disculpas, por anticipado, el que alguien como yo se ponga a escribir un cuento es un agravio, una ofensa, hacia todo aquel que nos ha dejado alguna obra escrita que hemos leído a nuestros hijos, o si eres vago, como yo, entrenas a la mayor para que le lea a la pequeña, no lo haré más, es algo puntual, con su motivo, dí tú que podría ser peor, podría haber escrito un ensayo, o una poesía, o sea, no te quejes demasiado, no suelo contar cuentos, menos escribirlos, así que tampoco seas muy cabrón, a veces es mejor callar que ir a hacer daño.

Hay quien caza por necesidad, hay quien caza por afición, no, no es el caso, él miraba dentro de su cabaña y veía su presa, no necesitaba más, tampoco era de cazar demasiado, él lo necesitaba, pero para probarse a sí mismo, que aún ahora era capaz, así que afiló sus armas, repasó su táctica de caza y salió.Cazador

Asomose a una loma, divisó la pradera, divisó varias presas, entró, las había de todo tipo, estaban las presas fáciles, esas que están a tiro de cualquiera, estaban también las que acababa de liberar su anterior cazador, presas también asequibles, no, él quería probarse, no era un cazador profesional, ni siquiera ocasional, estaba por un motivo, no debía desviarse de él.

Vio también hermosas presas, libres, apetecibles para cualquiera, para cualquiera menos para él, el viejo cazador quería un reto verdadero, siguió su camino, sin saber exactamente quién iba a ser su objetivo, hasta que la vio.

Hermosa, vital, cautivadora, perfecta, encima acababa de ser cazada hace poco tiempo, el reto, sí, ese era, ese debía ser, sacó sus artes, comenzó la caza. Inicio prometedor, al menos no la hizo huir, siguió, hay que dar confianza a la presa, intentar darle cosas que necesite, atraer su atención hacia ti, teniendo además cuidado de no atraer la celosa mirada de su dueño.

Él no cejó en el empeño, puso lo mejor de sí, desengrasó todas sus habilidades, estaba hasta cierto punto feliz de ver que sí, que aún podía, pero no, no pudo, la presa se resistía, no se dejaba cazar, esto le enfureció, intentó hacerlo a las bravas, tampoco funcionó, cuando se quiso dar cuenta ella voló.

Defraudado, derrotado, volvió a casa, por el camino daba vueltas a su cabeza, buscando el error, sopesando si apuntó demasiado alto, si debiera de haberse conformado con una presa más fácil, más adelante comprendió, abrió los ojos, llegó a casa, por primera vez en su vida se topó con la realidad, no era una cabaña, era una prisión, no había salido de caza, había huido, él era la presa, su despensa su dueña, ninguna eran presas, todas eran cazadoras, no es que no se dejara cazar, es que su presa no le quiso, no le quiso, pero a pesar de eso le cazó.

Triste vida la tuya cazador cazado.

Moraleja: A veces es mejor dejarse de cuentos e ir a la posdata directamente, Masterplan, con Jorn Lande a las voces, “Back For My Life”

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