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Posts Tagged ‘Angel Arroyo’

“Breaking The Chain”, comenzamos con los ochenta.

En el anterior capítulo dedicado a la historia del dopaje nos quedamos en el bochornoso y surrealista asunto de Pollentier y demás, hoy nos adentramos ya en los ochenta, década que marca el comienzo del despiporre padre, no es que los ciclistas de repente comenzaran a doparse masivamente, ya lo hacían, lo que cambió es que los controles antidoping comenzaron a dar sus primeros frutos, y sobre todo que empezó la moda de las confesiones. Esto resulta siempre curioso, nadie en mitad de su carrera, y sin ser cazado, reconoce ni hostias, siempre se hace cuando ya nada tienes que perder, años después, pero en fin, al lío.

“Caso Festina”, sí, es de finales de los noventa, pero es aprovechable, el fisio del equipo era un tal Willy Voet, uno espera de un fisio eso, cuidados físicos, masajitos y tal, Voet fue el tipo que propició todo el escándalo del equipo Festina al ser detenido en la frontera francobelga con un cargamento de productos que distaban mucho de ser usados normalmente por un fisio, anfetaminas, narcóticos, EPO, hormonas del crecimiento, testosterona etc etc, peo como digo a eso ya llegaremos, es por situar a este hombre. Hombre que tiempo después cantó de lo lindo en un libro llamado “Prikken en slikken”, traducido al inglés como eso, “Breaking The Chain”.

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¿Por qué me gusta el ciclismo?

Realmente mirando la cosa objetivamente pocos argumentos hay, se trata de un montón de tíos dando pedales durante un montonazo de kilómetros, la mayoría en los puros huesos, enclenques, feos, pedalean y pedalean hasta la meta y sólo ahí hay emoción.

Da la sensación de que además el ciclismo es un deporte donde la ingeniería médica en forma de dopaje está plenamente integrada, cuando ves a un ciclista meando en una cuneta si te fijas casi puedes ver que mea algo verde, alguno puede que al final en el último kilómetro comience a ponerse cachas, más feo aun y verde del todo y en plan “El increible Hulk” tire la bici sobre el público y se encabrone de lo lindo.

Y a pesar de esto, a pesar de no ser un deporte espectacular, a pesar de los casos de dopaje, que por cierto, si los hay es porque se buscan, resulta que el ciclismo me gusta, me ocupa y me preocupa, alguna razón habrá.

Y por supuesto que las hay, empezando por la variedad, poco o nada tiene que ver una clásica del norte, con una italiana, con una ronda por etapas de una semana o con una de tres, poco o nada tiene que ver subir el Tourmalet con la crono de París, poco o nada el treno de Cipollini con el US Postal en la CRE, bueno sí, tiene que ver que todo es ciclismo, y en ruta, pero los que pueden ganar en unas y son favoritos para ello en otras no se comen un colín, y viceversa, Boonen es un monstruo, Armstrong también, pero uno tiene imposible ganar el Tour y el otro lo mismo con la París-Roubaix
.

En fútbol por ejemplo el equipo que es bueno en la Copa es bueno para la Liga o para la Champions, podrá o no ganar luego, pero las condiciones de juego son siempre similares, en ciclismo no, el terreno de juego condiciona las condiciones y carencias, me diréis, “coño, pero el Madrid en fútbol sala no se comería una mierda”, vale, pero es otro deporte, es fútbol, pero sala, como el ciclismo tiene el ciclocross o la BTT, pero hablamos de que sólo en ruta la variedad de carreras y ciclistas es tremenda.

Mirad cómo es la cosa que eso de que “el todo es más grande que las partes” en el ciclismo es una mentira, tanto como que dejé de ser veinteañero hace semanas, ejemplo, cuando existía la Copa del Mundo era más importante ganar “Tour de Flandes” o Roubaix que la propia general, con el Pro Tour lo mismo, cualquier ciclista cambiaba ganar la general de esa clasificación por ganar alguna de las carreras que la integraban, léase por ejemplo el Tour.

Luego está la cosa de la incertidumbre, del no saber cómo y cuando se decidirá la carrera, puede ser en el último kilómetro, pero puede ser antes, puede haber sprint, pero.. ¿y si llegan los fugados?, y claro, si llega, ¿ganará como siempre el italiano?, ¿esperarán al último puerto?, ¿al Poggio?, ¿al último tramo de pavés?

“Emboscada en el bosque de Aremberg”, no jodas, si acojona y todo, puede ser el título de una peli de la II Guerra Mundial,
“Ataque en el Kopenberg”, “La batalla de los Alpes”, épica pura señores, luego no están ahí dándose de tiros no con la lanza en ristre, pero la magia de los escenarios, su misticismo en ocasiones presta a enamorarse de este deporte, ¿quién no recuerda alguna etapa sobre la nieve, la lluvia o el calor extremo?

Me gusta el ciclismo, porque además, como en alguna ocasión hemos tratado es un adelantado a su tiempo, nunca tuvo fronteras, ni problemas de cupos de extracomunitarios, tú puedes montar un equipo en Suiza y llenarlo de ciclistas de 20 países que nadie se extrañará, como nadie se extrañará de que ciclistas de equipos rivales sean solidarios cuando la situación lo requiere, “toma Gino, bebe”.

Recuerdo mis primeras carreras con Arroyo en el Tour en el que hizo podium, vagamente eso sí, porque soy bastante joven aunque parezca lo contrario, gloriosos años los ochenta, los bares se abarrotaban viendo las desventuras de Ángel Arroyo, Perico Delgado o Marino Lejarreta, los críos jugábamos a “ciclistadas” con chapas, las radios competían a ver quién cubría mejor y durante más tiempo las carreras, salías de clase a toda leche para poder llegar a ver el fin de las etapas, jovenzuelos de hoy ni se pueden imaginar que hubo una época en la que el ciclismo rivalizaba seriamente con el fútbol, y no exagero, durante el tour o la Vuelta el Marca por ejemplo dedicaba 12 o 14 páginas a la carrera, la gente por la calle hablaba de ciclismo, podías apuntarte a varias porras con amigos…

Ahora sólo gracias a internet podemos charlar sobre esto, somos menos, pero fieles, vemos imágenes como esta….

Devolder en Flandes

….y nos ponemos casi cachondos, para la inmensa mayoría les hablas del Tour de Flandes y te dicen “bah, si esa es llana y no la conoce ni Dios”, les hablas de la “Flecha Valona” y te sueltan, “sí, esa peli ya la he visto, de las mejores de Robin Hood”, aficionarse ahora a la Fórmula 1 es sencillo, al tenis igual, al ciclismo no, porque pagamos el ir de cara, aquí a los tramposos les cazan y son sancionados, pero porque son buscados, no hay más.

Salvo excepciones, como pueda ser por ejemplo Euskaltel no hay esa identificación tan estrecha con un equipo como lo hay por ejemplo en fútbol o basket, que te impide incluso disfrutar de las virtudes del rival, en ciclismo incluso los del Euskaltel-Euskadi disfrutan de una llegada como la de Ballan en el Mundial, el cambio continuo de equipos y patrocinadores quizá propicie eso, pensad el mero hecho de que todos suben juntos un gran puerto del Giro o el Tour y muy muy muy y mil veces más “muy” rara vez un aficionado de un ciclista intenta hacer el mínimo daño conscientemente a un rival, ¿os imagináis a Etoo metiendo goles al Madrid en el Bernabeu con centenares de hinchas rivales a su lado?, ¿o a Figo lanzando corners en el Camp Nou con la camiseta blanca con los Boixox nois a su nuca y sin valla o protección alguna?.

La afición ciclista comparte bocatas y cervezas en las cunetas de la carretera mientras esperan pacientes e ilusionados a sus ídolos, se mezclan, se intercambian números de teléfono, direcciones de correo y si hace falta a las parientas, animan codo con codo a los suyos sin agredir al rival, eso mis queridos amigos es la esencia del deporte, de la deportividad, del respeto, y eso en pocos deportes de élite se da, hay piques claro, pero lo dicho, mientras un forofo del fútbol ve al Cristiano Ronaldo rival a tiro y le pega un botellazo en ciclismo no me cabe duda que si lo ve pasar a su lado incluso le aplaude, esa grandeza y no quiero ser pesado, sólo está en el ciclismo.

Revolution Renaissance ocupa la postdata, estos fineses fueron un invento de Timo Tolkki, un proyecto acabado, comenzaron sin demasiada chicha, hicieron un segundo disco bastante bueno y acabaron con otro que lanzaron sólo por compromisos con la discográfica, del primer LP, “New Era” este “I Did It My Way”, con Michael Kiske a las voces:

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