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La gran zurra a Roma

Pues vamos con la mayor derrota de la historia militar de Roma, que por cierto, eran otro pedazo de ejército, muy bien entrenado, muy bien dirigido y tremendamente eficaz, hasta el punto de que las legiones dominaron medio mundo conocido durante siglos.

Pero he aquí que en el Siglo III AC surge la figura de Amílcar Barca, en Cartago, norte de África, no pensemos en los cartagineses como africanos, tal y como los conocemos hoy, sino más como descendientes de los macedonios de Alejandro Magno, Amílcar Barca, padre de Anibal, guerreaba en las primeras guerras púnicas con Roma, y perdió, pero logró conquistar parte de Iberia y con sus recursos Cartago siguió prosperando.

Pasan los años, Asdrubal, el yerno de Amilcar, muere, Anibal coge el mando del ejército cartaginés con solo 25 años, en su mente solo un deseo, derrotar a la Roma que venció a su padre.

Pasando el politiqueo y tal, resulta que tras asediar Sagunto, aliado de Roma, estos se proponen invadir Cartago, pero Anibal para evitarlo se propone a su vez llevar la guerra al corazón de Italia, cruzaría la península ibérica, los Pirineos, la Galia y entraría en Italia.

En su camino su ejército, del que nunca se han puesto de acuerdo sobre el número los historiadores, pero que pudiera ser de unos 50.000 infantes y 10.000 jinetes, fue reclutando aliados allí por donde pasaba, a él se unieron varios de los peores colectivos de la época, ciclistas dopados, escritores de blogs, hijoputas de la UCI… y sobre todo galos. Lo más recordado sin embargo fue la presencia de unas cuantas decenas de elefantes de guerra, de los cuales a la batalla de Cannas no llegó ninguno, los pobres, dieron positivo en un control antidoping del CONI.

218 ac, batalla del Trebia, primer encuentro serio entre las tropas de Anibal y las legiones romanas, soberana zurra de Anibal a los romanos, en plan Armstrong con Ulle, pero como el alemán los de Roma esperaron al año siguiente y se dijeron “esta vez sí”.

217ac, batalla del Lago Trasimeno, otra zurra monumental, Roma empieza a temer y se dedica a evitar la confrontación durante un tiempo hostigando a las tropas de Anibal pero sin presentar batalla, el plan era formar un gran ejército y machacar de una vez por todas al bárbaro del sur.

216ac, los romanos ya tenían su ejército, al mando de Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, uno mandaba los días pares y otro los impares, no es broma ojo 😀 87.000 jóvenes romanos, la infantería en medio, la caballería a los flancos. Estamos ya en Cannas.

Batalla de Cannas

Un ejército precioso, todos impecables, al otro lado el panorama era desolador, las tropas de Anibal eran una amalgama de infantería libia, íbera y gala, unos 8.000 de cada, un número desconocido de otras tribus, honderos baleares y caballería de númidas, hispanos, galos, fenicios…. los escritores de blogs se fueron llorando a fundar otra guerra acojonados, los ciclistas dopados fueron ante la AMA a recurrir y los hijoputas de la UCI tras ellos a tocar los huevos, en fin, sin estas tropas Anibal lo tenía mal.

No confiaba demasiado en los galos sobre todo, así que los usó sin que estos supieran el por qué para su estrategia, colocándolos sorpresivamente en el medio con el resto de la infantería a ambos lados y la caballería en los flancos.

Los romanos como todos sabemos formaban sus legiones en grandes cuadros, pues bien, al ver a los galos en medio se descojonaron de la risa y confiados cometieron el primer error, juntar demasiado los cuadros para ganar profundidad en el centro pensando en atacar sin piedad a los pobres galos, con lo que perdieron movilidad.

Las caballerías de ambos bandos se fueron a guerrear por ahí, unas fuentes dicen eso, otras que con tanto “yo monto y tú montas” no fueron a guerrear sino a “guerrear”, y las legiones todo ciegas a por los galos.

imaginaros, una goma, extendida, si ponemos la palma de la mano paralela a ella y empujamos movemos la totalidad de la goma, pero si la ponemos perpendicular y no la rompemos, ¿qué pasa? pues que la goma nos rodea por ambos lados de la mano.

Eso es lo que pasó, Anibal puso a los galos a posta en el medio porque sabía que iban a ceder, según estos se retiraban los romanos todo ciegos a por ellos, sin darse cuenta que a medida que avanzaban, siempre por el medio, sus dos flancos quedaban a merced del resto de infantería cartaginesa, cuando estos comenzaron a empujar por ambos lados los romanos vieron como la trampa mortal hacia efecto, su mayor número no servía de nada porque la inmensa mayoría estaba en medio de sus compañeros, al ir cediendo ambos lados los que estaban más en el medio comenzaron a morir aplastados por sus propios compatriotas, lo peor para ellos vino cuando la caballería cartaginesa, que había dejado a la romana derrotada, retornó cerrando la posible retirada.

Se calcula que unos 75.000 romanos murieron ese día, entre ellos Lucio Emilio Paulo, dos excónsules, varios pretores y decenas de senadores, un desastre absoluto, porque además el terreno había sido elegido por los romanos, despejado, sin posibilidad de emboscadas ni trucos, Anibal venció en campo abierto, en inferioridad y gracias a una táctica que hoy en día todavía se estudia en escuelas militares, la “tenaza”.

Tras la batalla no fue a por Roma, quien sabe si consciente de que sus fuerzas nunca podrían superar un largo asedio a la capital, quedó durante años por Italia guerreando y cuando Escipión invadió Cartago fue en ayuda de su pueblo, siendo derrotado en Zama, Anibal murió suicidado en la actual Turquia años más tarde.

Postada, temazo de Helloween, “Dreambound”

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