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Posts Tagged ‘Alemania Nazi’

Pilecki, el ejemplo de lo que viene a ser ir de Guatemala a Guatepeor.

Uno la verdad, reconozcámoslo, no es muy ducho en historia, hay cosas que no las comprendo, tendrán su explicación, seguro, pero no logro entenderla.
Lees al respecto claro, pero lo malo es que no te queda claro, voy a hablarte durante unos momentos de Witold Pilecki, aunque en realidad él da igual, será tan solo el ejemplo que ilustre, que ponga nombre, a lo que les pasó a millones de polacos durante y tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero antes, como entradilla, un ejemplo, un símil de esos, tú imagina, me contratas para defenderte del matón del colegio, con nombre y apellidos, Matón Del Colegio. Yo estoy ahí todo el día detrás tuyo, pero el que viene a ahostiarte es Abusón Del Patio, de los Del Patio de toda la vida, ¿qué debería hacer?.
Puedes pensar que defenderte, no tienes ni pajolera idea, qué va, al revés, animarle. “Pero qué bien le destrozas los dientes”, “da gusto verte patearle los huevos”, “qué arte rompiendo las rodillas”. ¿Cabrón?, no no, porque te dije que te defendería del primero, no dije nada del segundo.

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Albert Richter, con dos cojones.

Hay personajes en la historia que merecerían un sitio mejor, hay personajes que deben de haber hecho algo malo, qué se yo, atropellar viejecitas, bajarse pelis del emule, escribir en un blog.. Porque si no te dejan en evidencia al ver cómo tú ni en tus mejores sueños actuarías así, uno de estos es sin duda Albert Richter, “el campeón que dijo no”.

VerdumPongámonos para entrar en situación en la Alemania de los años treinta, ascenso imparable del nazismo, toda una generación de jóvenes alemanes crecidos bajo la humillación que para ellos supuso la derrota en la Gran Guerra y el Tratado de Versalles, caldo de cultivo para las ideas nazis, los deportistas no fueron ajenos a esta circunstancia, muchos sucumbieron ante la retórica de Hitler y todos, los que triunfaron, fueron usados como propaganda política, entre otros el mítico boxeador Max Schmeling, que llegó a participar como paracaidista en la II Guerra Mundial en el bando alemán.

Nuestro protagonista no fue excepción, Albert Richter fue, muy a su pesar, icono del poderío de la raza aria, poderío del eje, germinado también en los Juegos de Berlín, donde los atletas de la alianza nazi, Alemania, Japón e Italia dieron sopas con onda a sus rivales rusos, italianos y franceses.

Richter era un pistard, pero en aquellos años el ciclismo en pista era un deporte tremendamente popular en Alemania, Francia, Bélgica o los Países Bajos, los velódromos se llenaban y sus campeones eran estrellas mediáticas, no veamos pues a Richter como a un Llaneras actual, sino como un Contador, un Villa o un Verdasco.

Albert nació en Colonia, en octubre de 1912, de joven trabajaba en un taller familiar de artesanía, pero como a todos los jóvenes de la época el deporte le tiraba demasiado, así que como tantos otros empezó a entrenar y a competir de espaldas a la familia, sus buenos resultados hicieron que un entrenador, llamado Ernst Berliner, se fijara en él, da la casualidad de que Berliner era judío.

Convenció a Richter para que se fuera con él a París a entrenar y a competir, ya que París era al ciclismo de pista como Hollywood al cine o Bilbao a los grandes copuladores, Albert se integró enseguida de maravilla en la capital francesa, aprendió francés viendo cine, hizo amistad con otros pistards de la época, sobre todo con el belga Jef Scherens y el galo Louis Gérardin, hasta el punto de que eran conocidos como “Los tres mosqueteros”, poco a poco hizo méritos ya como profesional, consiguiendo buenos triunfos, entre otros el prestigioso Grand Prix parisino, o el campeonato nacional alemán que coleccionó año tras año.

Era de dominio público que Richter no comulgaba con el nazismo, entre otras cosas tenía un manager judío, cosa que en plenas leyes raciales no sentó nada bien al régimen, eso no impedía que como sucedía con otras estrellas Hitler aprovechara la imagen de Albert para mayor gloria del III Reich, esto fue norma a lo largo de la vida del ciclista, de puertas afuera era un orgullo, pero dentro de los círculos directivos en la Alemania nazi era un enemigo del cual cuidarse muy mucho.

Richter, saludoEl punto claro de enfrentamiento vino en los citados Juegos de Berlín, 1936, al contrario de todos sus compañeros de selección Richter se negó a vestir el nuevo maillot, con la esvástica en el pecho, en su lugar lució el antiguo maillot alemán, con el águila imperial, empeoró todo al negarse a realizar el saludo nazi, algo que ya había hecho en ocasiones, manteniendo el brazo pegado al muslo, algo inmortalizado en una fotografía legendaria:

Esto le hizo pasar directamente a la lista negra, se le conminó a cambiar de manager, pero Richter se negó, la relación que le unía a Berliner era demasiado estrecha, para el entrenador el ciclista era como un hijo, carecía de hijos varones y como tal adoptó a Albert, para este tanto Berliner como su familia fueron algo propio.

Berliner, ante el acoso que los judíos sufrían en Alemania, tuvo que exiliarse, en Holanda, esto no obstaculizó que en cada competición celebrada fuera de las fronteras germanas Richter siguiera colaborando con él, dando bofetada tras bofetada al régimen, estalló la guerra, y ante el peligro que corría, con visitas de la gestapo a su domicilio en colonia, decide huir a Suiza, llevando entre otras cosas cierta cantidad de dinero, pero fue traicionado, nunca se supo por quién, se especula con un rival deportivo local de los que sí abrazaron el nazismo.

En la frontera le esperaban y le registraron a tiro hecho, tras encontrar el dinero fue detenido acusado de contrabando con judíos, encarcelado en Lörrach fue inmediatamente ejecutado a tiros por la gestapo, esto se sabe mediante testimonios de testigos, ya que para evitar el escándalo fue inmediatamente enterrado y la versión propagandística del régimen fue que tras ser descubierto no pudo soportar la culpa y se ahorcó.

La familia fue advertida de que no aireara la muerte de Albert, los medios, todos controlados, siguieron las instrucciones a pies juntillas, pero el boca a boca fue imparable y centenares de personas acudieron a su funeral, indignados, pero atados de pies y manos, en Francia, por entonces aun libre, sí que tuvo repercusión la muerte, el asesinato, de Richter, pero la inminente invasión del ejército alemán hizo que el caso pasara desapercibido, a pesar de que en el país galo la figura de Richter era tremendamente popular, recordemos que vivió largas temporadas en París y consiguió allí grandes éxitos.

Berliner, tras la guerra, volvió a Alemania con el único propósito de que se investigara la muerte del ciclista, pero todos sus intentos fueron infructuosos, no obstante la historia limpió el nombre de Albert, sacó a la luz la verdad y en su homenaje se inauguró en 1997 un velódromo en su Colonia natal.

Esta es la historia, tremenda, de un ciclista con dos cojones bien puestos, valiente, temerario incluso, en una época en la que la juventud alemana sucumbía a los encantos del nazismo en masa él se mantuvo fiel a sus ideas, se negó a ingresar en el ejército, se negó a dejar a su entrenador de toda la vida, judío, a su amigo, en unos días en los que tener amigos judíos era casi pecado mortal, renegó de los símbolos nazis, compitió y ganó sobre las pistas, murió joven, cuando hablamos de las gestas deportivas de mitos como Merckx o Coppi, si hablamos de héroes, para mí sin duda si un ciclista se merece tal adjetivo es Albert Richter.

Posdata, Elvenking, italianos ellos, con base de power metal hacen una especie de folk bastante efectivo y potente, aunque nacieron a finales del siglo XX no fue hasta este cuando publicaron su primer disco, de su álbum “Two Tragedy Poets” este “My Own Spider’s Web”, bastante melódico y tranquilito.

“Hermanos de Sangre”, la familia Easy.

Año 1998, Steven Spielberg rueda con Tom Hanks “Salvar al Soldado Ryan”, la película tuvo gran éxito, tanto comercial como en la crítica, a Spielberg debió de gustarle tanto que nada más acabar la peli comenzó a planear una serie de televisión, “Band of Brothers”.

Hermanos de Sangre

Teniendo claro que la serie versaría sobre el famoso desembarco de Normandía Spielberg tomó una novela de Stephen Ambrose, biógrafo de Dwight D. Eisenhower y Richard Nixon, le convenció para que firmara en el equipo de producción, hizo lo mismo con Hanks, que además dirigió un capítulo y escribió el guión de otro, y metió en vereda a la HBO, que por entonces tenía ya un gran éxito en forma de “OZ” es curioso, si hay un canal con el que me extrañaría ver a Spielberg ese es HBO, pero la vida es así.

La serie se tituló en cristianés “Hermanos de Sangre”, que no es exactamente la traducción literal del título original, pero si sirve de consuelo en algún pais sudamericano lo titularon “Hermandad en la trinchera”, cuando no aparece trinchera alguna (se equivocaron de guerra qué le vamos a hacer), tuvo diez capítulos y se estrenó en 2001, curiosamente dos días antes de los famosos atentados de Nueva York, su éxito fue bastante claro, tanto de críticas, como de público como en el tema premios.

Lo que nos cuenta es la historia de la Compañía “Easy”, integrante de un regimiento al servicio de la 101 aerotransportada (la del famoso Ryan de la peli), desde su entrenamiento, hasta su traslado a Inglaterra, pasando por su participación en el día D, diversas acciones militares de mayor o menos enjundia, sus encuentros con el horror nazi, con la pomposidad nazi y su disolución, cada capítulo a grandes rasgos es dedicado a un hecho concreto y visto desde la perspectiva de un personaje diferente.

¿Cómo se nos cuenta la historia?, pues a grandes rasgos bien, algún capítulo (en especial el dirigico por Hanks) baja el nivel, pero la serie es de gran factura, espectacular, entretenida, con momentos para la sonrisa, para la emoción e incluso para el drama, consigue que en poco tiempo te identifiques con los miembros de la compañía, que te pongas en su lugar, cae en los tópicos del cine yanki sobre la SGM, los aliados son soldados de primera capaces de tomar un bunker defendido por 100 ogros armados con 200 ametralladoras con un par de tirachinas, cuando pierden es porque la superoridad tanto en número como en armamento de los alemanes era brutal.

En realidad Alemania se pasó en inferioridad numérica toda la guerra, combatiendo en varios frentes y cuando sucedió la invasión de Normandía su presencia en las costas era muy inferior a la de los aliados, pero queda mal ensalzar en demasía a un ejército, el alemán, muy eficaz pero bajo el mando de Hitler.

Aun así tampoco es la típica serie que muestra a todos los aliados como héroes y a todos los alemanes como hijosdeputa sin sentimientos, es más, apenas reparas en estos detalles porque la acción te deja poco tiempo para pensarlos.

El reparto está encabezado por Damian Lewis (“Homeland”), quizá el actor más conocido de todos junto al ex-Friends David Schwimmer, aunque el papel de este es secundario, tampoco es que haya protagonistas claros, como curiosidad mencionar a Kirk Acevedo, que rodó la serie mientras su personaje en “OZ” se fugaba de la cárcel, también sale Michael Fassbender, con presencia en “300” o “Malditos Bastardos”, en general todo el reparto está bien, tampoco es que sea la serie que más requiera de grandes interpretaciones.

Los efectos especiales y tal pues no desmerecen, se nota que no hay grandes escenas de batalla con miles de extras, pero en general están rodadas con tino, disimulando las carencias, metiéndote de lleno en los tiroteos, explotándote las bombas a tus flancos, ejemplo, cuando nada más llegar a suelo francés tienen que asaltar un nido de ametralladoras.

La serie dicen que tiene bastantes errores, pero luego te pones a verlos y la verdad es que la mayoría de los que se le achacan son del tipo que si se dice que Fulanito tras la guerra fue pintor de coches y en realidad lo era de furgonetas, en todo caso recordemos que hablamos de una serie de ficción basada en un hecho histórico, no es un documental.

Para mí sin duda es la serie bélica por excelencia, que será complicado de superar, me quedo con los dos primeros y los dos últimos episodios, por motivos distintos, pero los más redondos sin duda, es de las de grabar o comprar en DVD porque aguanta más de un visionado.

Unia significó para Sonata Arctica (estamos en la postdata obviamente) un cambio de estilo, criticado, el disco en general no gustó a los fans de la banda, los temas eran “raros”, como hechos a pedazos, sin que hubiera continuidad en ellos, realmente a mí fue un disco que me gustó, desde luego mucho más que el siguiente, incluye el que es para mí una de sus mejores canciones, “It won’t Fade”

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