Y la liaron, pero gorda además.

Y por culpa de su padre vinieron los malos, y la liaron, vaya que si la liaron, una “ele” de campeonato, se liaron cuatro, porque eran tres malos y le invitaron a ella.

“Pues para ser malos se hacen unos porros cojonudos” pensó ella, y continuaron liándola, partida al mus, orgía, otro musete para aliviar tensiones, entró el perro, se lo zumbaron los cuatro, pillaron una pulga, igual, con el bote de vaselina la pusieron a cuatro patas (o las que tenga la pulga, que ni idea) y le dieron una buena ración de lo suyo.

A la mañana entró la madre, preocupada, y se encontró al angelito durmiendo, los malos, el perro y la pulga se habían ido a un after a bailar y esas cosas, “ay que niña más dulce”, pensó.

Y la dulce niña esperando a que su madre saliera de la habitación para ir a comprar la píldora del día después, no estaba dispuesta a criar un cachorro de perro pulguero.

Y colorín colorado esta historia se ha acabado.

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  1. 16/02/2013 en 04:26

    ¡Será posible! Sólo a ti podría ocurrírsete semejante final.

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  2. 17/02/2013 en 23:33

    Que noche la de aquel día!!! Todavía me estoy recuperando 🙂

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